TRANSPARENCIA EN LA IGLESIA

“Trasparencia con censura. Homosexualidad, celibato y pederastia: Si se trata de acabar con el ocultismo en este tema… ¿por qué silenciar lo que molesta a los nuevos bienpensantes?"

El informe del John Jay College:
el 81 por ciento de víctimas, son varones”
ARTÍCULO DE JUAN DOMINGUEZ / WWW.ACEPRENSA.COM /
VIERNES 16 DE ABRIL DE 2010
  (y  varias colaboraciones más)
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Las palabras del Cardenal Tarcisio Bertone en Chile sobre homosexualidad y pedofilia han provocado la ira políticamente correcta de quienes, por una parte, piden total transparencia en los casos de abusos, y, por otra, censuran los datos que no les gustan. Ante la pregunta de si se da una relación entre el celibato y los casos de pedofilia, el cardenal Bertone respondió: “Muchos psicólogos, psiquiatras, han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia, y en cambio muchos otros han demostrado, y me lo han dicho recientemente, que hay una relación entre homosexualidad y pedofilia”.

Desde luego, hay que tener en cuenta que se trataba de una rueda de prensa, no de un simposio científico. Como después aclaró el portavoz de la Santa Sede, padre Lombardi, “no es competencia de las autoridades eclesiásticas hacer afirmaciones generales de carácter específicamente psicológico o médico, para las cuales remiten naturalmente a los estudios de especialistas y a las investigaciones en curso”. La afirmación de Bertone, precisó, “se refería evidentemente al problema de los abusos cometidos en el seno del clero y no a los cometidos en el conjunto de la población”.

Los datos disponibles sobre los abusos sexuales entre el clero obligan a plantearse la influencia de las tendencias homosexuales en este problema.

Informe de John Jay College of Criminal Justice: 81 por ciento varones
El informe publicado en 2004 por el John Jay College of Criminal Justice, considerado como el más completo sobre el tema en EE.UU., constata que el 81% de las víctimas eran varones y, en su mayoría, se trataba de adolescentes que habían superado la pubertad.

La pedofilia, la atracción por niños antes de la pubertad, ha sido un fenómeno menor en los casos de abusos de sacerdotes.

También en las estadísticas facilitadas recientemente por monseñor Charles J. Scicluna sobre los casos remitidos a la Congregación para la Doctrina de la Fe entre los años 2001-2010, resulta que solo un 10 por ciento de los casos eran de pederastia en sentido estricto, mientras que el 90 por ciento tenían que ver con adolescentes: el 60 por ciento hacen referencia a actos sexuales con personas del mismo sexo y el 30 por ciento de carácter heterosexual (cfr. Aceprensa, 15-03-2010).

Es decir, en la gran mayoría de los casos se trata de varones que abusan de menores del mismo sexo.

A partir de estos datos, llama la atención que el periodista pregunte por la relación entre celibato y pedofilia, y en cambio nadie pregunte por la posible relación entre sacerdotes con tendencias homosexuales y abusos de menores.

Curioso
Lo curioso es que desde el comienzo de la crisis se haya dado por buena la sospecha –cuando no la afirmación tajante– de que el celibato es el caldo de cultivo de los abusos, mientras se pasa por alto que quienes han incurrido en esa mala conducta han cometido en su mayor parte actos de naturaleza homosexual.

Cualquier generalización sin pruebas es mala, y esto vale tanto para el celibato como para la homosexualidad. Bertone tiene razón cuando dice que los estudios han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia (cfr. Aceprensa 23-03-2010).

Los datos confirman que entre el clero católico no se dan más casos de abusos a menores que en otros ámbitos, ya sea la familia, las escuelas laicas, los entrenadores deportivos o los ministros de otras confesiones, que no están obligados al celibato (cfr. Aceprensa 23-03-10). Y si un sacerdote no quiere vivir el celibato, como varón heterosexual lo que le interesarán serán las mujeres, no los niños.

Ciertamente, nadie ha dicho –tampoco Bertone– que cualquier homosexual sea un pederasta ni que cualquier sacerdote con tendencia homosexual abuse de menores. Pero igualmente habría que reconocer que en la Iglesia el problema de los abusos a menores no proviene de los sacerdotes que viven el celibato, sino de los que no lo viven y que, según se ha visto, en su gran mayoría se sienten atraídos por adolescentes varones.

Lo que molesta es que las palabras de Bertone hayan suscitado un tema que hoy es tabú, como si cualquier dato que vaya en desdoro de la conducta homosexual debiera silenciarse. Como ha declarado a Zenit el profesor Massimo Introvigne, los que se rasgan las vestiduras “buscan prohibir la cita de aquellos datos estadísticos que consideran como políticamente incorrectos. Es una forma de censura inaceptable, en ocasiones disfrazada de científica”.

Pero los datos estadísticos son números y “estos números, en cuanto tales, no deberían ofender a nadie y no se les puede hacer decir más –ni menos– de lo que dicen”.

Si se trata de acabar con el ocultismo en este tema, no hay por qué silenciar lo que molesta a los nuevos bienpensantes.
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“¿La iglesia es santa?”

ARTICULO DE ARMANDO SEGURA, CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA / WWW.IDEAL.ES /LUNES 12 DE ABRIL DE 2010

La Iglesia es santa. Y cada día es más santa. Es como un río de fuego que devora todas nuestras maldades, por eso, es precisamente, santa porque las devora. Luego ¿hay maldades? sin duda, los periódicos nos las arrojan al rostro todos los días como si las maldades fueran un escándalo para el fuego devorador. ¿Cómo va a serlo si ese río de fuego, está ahí, justamente, para devorarlas?

¿Cómo explicar que la Iglesia es la asamblea de los santos que fueron pecadores o de los pecadores que luchan para ser santos? Sólo interesan las estadísticas de los que caen y a ser posible, interesa divulgar sus nombres. Nunca, se difundirán, las de los que se levanten y menos aun, se difundirán sus nombres. Un buen tema de reflexión para el "New York Times" y sus imitadores.

La Iglesia no es un poder político indirecto que utilice la estrategia de la fe para incrementar su dominio. Mal negocio comprar lo fugaz a costa de lo eterno. La letanía de los que ven negro todo lo blanco y acusan a los demás de los escándalos que ellos mismos practican y fomentan. Les parece ser hipócrita, el mantener la diferencia entre el bien y el mal a costa de nosotros mismos. ¿Prefieren que lo malo pase por bueno y lo bueno por malo? ¿Son así más honrados?

La Iglesia llama al pan, pan y al vino, vino, aunque ese juicio recaiga sobre ella misma.

No somos tan tontos que no sepamos de la vida y de lo que hay por ahí. Son millones los que cada día se aprestan a ser mejores y sé disponen a hacer sus deberes: las madres de familia, que con riesgo de su vida o de su comodidad, tienen muchos hijos, afrontando burlas y chascarrillos; los trabajadores que asumen los chistes, sabiendo que Dios quiere hacer felices a sus hijos y quiere que los dejemos nacer, los enfermos y los sanos, los capacitados y los discapacitados, los ricos y los pobres, los parados y los pluriempleados. Una sola fe un solo bautismo. Miles de creyentes en todas las latitudes entregan su vida, a diario, por dar testimonio de que Cristo vive, y que la Iglesia tiene el secreto de la santidad porque guarda en su depósito la fe en la vida eterna.

Aquí no hay ninguno santo de nacimiento pero todos somos santos porque los sacramentos de la Iglesia nos hacen santos a diario, porque nos hacen participar de la santidad de Dios.

Hablamos por experiencia. Cuando una familia cristiana tiene seis o siete hijos, o más, se escandalizan. Sin embargo, cierran los ojos, sin compasión alguna, ante el millón largo de abortos anuales en España. Si pagamos impuestos, porque pagamos impuestos, si no nos permitimos ver todo lo que nos echan porque somos anticuados, si tras muchos años de trabajo logramos algún nivel social ¿Quién sabe cómo ha sido? Porque lo que no reconocerán nunca es que estén equivocados y que la fe sea más luminosa que la increencia. ¿Tan difícil es, aceptar que ver sea mejor que no ver?

Casos "de libro" son los dos últimos papas. Juan Pablo TI arrastra multitudes, aun después de muerto, fascina a la juventud, víctima del terrorismo, no tiene miedo, sigue con mayor fuerza cada día, porque hay un manantial en la: Iglesia del que bebemos todos y que nos purifica a todos de nuestras maldades.

Benedicto XVI, desde mucho antes de ser nombrado Papa, era el blanco de todas las críticas: retrógrado, integrista, inquisitorial, oscurantista. Si calló porque encubrió, si habló porque no debió hacerlo. Este es el trato que ha merecido el intelectual más lúcido de Europa, el pontífice de doctrina más ajustada a los últimos avances de las ciencias, el hombre que está informado de la última novedad del progreso científico, el que afronta los problemas cara a cara, el que prefiere preguntas a respuestas. No perdonan que un creyente sea inteligente, o peor aún, más inteligente; les parece una contradicción, "un hierro de madera".

Nosotros los creyentes no tenemos miedo ni a la vida ni a la muerte porque estamos hechos en la misma fragua de otros miles, millones que ya murieron dando testimonio.

Esos médicos que, por ser fieles a su conciencia, no dispensan abortivos, nunca alcanzarán" puestos de confianza". Esos maestros que se nieguen a enseñar los dogmas de la ideología de género, a la que están obligados, "por imperativo legal", no gozarán de grandes destinos ni privilegios. Ni las enfermeras tendrán un puesto adecuado sino hacen la vista gorda cuando se precipite en los hospitales, la muerte a los ancianos terminales. Tampoco llegarán muy lejos los políticos honestos, los diputados decentes que no transijan con la mentira sistemática al pueblo. De ellos dirán: "no son de fiar". Y así infinidad de casos.

Esos son la Iglesia ¡Vaya con la estrategia y el poder indirecto de la iglesia! En China, en África, en la India, en Próximo Oriente, nos echan de todas partes, nos matan a diario, nos acorralan, nos despojan de nuestras tierras y nos impiden alcanzar puestos de dirección. Así ha sido siempre en la historia universal.

Sabemos que valemos muy poco, por no decir nada, pero llevamos un río de fuego devorador. Somos felices. No es nuestro pero mana dentro de nosotros y va devorando toda la ganga de nuestras vidas, dejando sólo el oro puro y liquido de la santidad.

No lo duden, la Iglesia es santa. Lo dicen las estadísticas.
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“Intelectuales franceses: las simplificaciones y generalizaciones no se corresponde con lo que viven los cristianos católicos”

COMENTARIO EN WWW.ACEPRENSA.COM / FUENTE: WWW.APPELAVERITE.FR
MIÉRCOLES 14 DE ABRIL DE 2010

La parcialidad en el modo de presentar en la prensa la respuesta de la Iglesia ante los casos de abusos a menores ha provocado ya una reacción de voces críticas. En Francia, se está difundiendo un llamamiento (www.appelaverite.fr) con firmas de intelectuales y personalidades de la sociedad civil, cristianos y no cristianos.

En el llamamiento se lee, entre otras cosas: “Los casos de paidofilia en la Iglesia son, para todos los católicos, un motivo de profunda pena y de gran dolor. Miembros de la jerarquía de la Iglesia han tenido, en algunos casos, graves incumplimientos y mala gestión, y celebramos la voluntad del Papa de hacer la luz sobre estos asuntos”.

Los firmantes se sitúan “del lado de los que sufren más por estos crímenes, es decir, las víctimas, rezando también por los culpables”.

Después de desear que “se haga toda la verdad” sobre este asunto, el texto prosigue: “Al mismo tiempo, rechazamos la precipitación y la escalada mediática que acompañan a estos casos. Más allá del derecho a la información, legítimo y democrático, tenemos que constatar con tristeza, como cristianos pero sobre todo como ciudadanos, que muchos medios de comunicación de nuestro país (y de Occidente en general) tratan estos asuntos con parcialidad, desconocimiento o satisfacción. Entre simplificaciones y generalizaciones, el retrato de la Iglesia que se hace actualmente en la prensa no se corresponde con lo que viven los cristianos católicos”.

Los firmantes declaran también su solidaridad con “tantos sacerdotes que llevan el mensaje de Cristo con coraje y a veces en la soledad”.

Entre los que han firmado el manifiesto se encuentran el escritor François Taillandier; el filósofo Jean-Luc Marion, de la Academia Francesa; los profesores de filosofía Rémi Brague y Chantal Delsol, miembros del Instituto; el matemático –premiado con la medalla Fields– Laurent Lafforgue; el actor Michael Lonsdale; Jacques Arénes, psicoanalista; Alain Joly, pastor luterano; Fabrice Hadjadj, ensayista y dramaturgo, hijo de padres judíos converso al catolicismo.

Junto a personalidades conocidas, entre las que no faltan periodistas, más de 29.000 firmantes han rubricado por ahora el llamamiento.
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“En la Iglesia católica no hay más abusos que en otros ámbitos"

COMENTARIO EN WWW.ACEPRENSA.COM / FUENTE: WWW.NEWSWEEK.COM
VIERNES 16 DE ABRIL DE 2010

Las historias que han emergido estos días sobre abusos sexuales a menores dan la impresión de que este problema está mucho más extendido en la Iglesia católica que en otras confesiones o que en la sociedad en general. Sin embargo, los expertos consultados por Pat Wingert en un artículo para Newsweek (8-04-2010) afirman que no hay datos que permitan hacer tal suposición.

Wingert advierte que “no se ha hecho ningún estudio comparativo entre las distintas confesiones sobre abusos sexuales a menores, y solo la Iglesia católica ha proporcionado datos detallados sobre sí misma. Pero, sobre la base de informes y estudios realizados por diferentes confesiones en los últimos 30 años, los expertos que han investigado los abusos a menores ven pocos motivos para afirmar que este sea un problema especialmente de la Iglesia católica.

‘No vemos que la Iglesia católica sea un semillero de tales abusos o que tenga un mayor problema que los demás’, dice Ernie Allen, presidente del National Center for Missing and Exploited Children. ‘Puedo decirle sin la menor duda que hemos encontrado casos en muy distintos ámbitos religiosos, desde evangélicos a ministros de iglesias protestantes tradicionales, a rabinos y otros’”.

“Los expertos no coinciden a la hora de estimar la tasa de abuso sexual entre la población masculina americana, pero Allen dice que una estimación conservadora sería de 1 de 10. Margaret Leland Smith, investigadora del John Jay College de Criminal Justice, piensa que 1 de 5 sería una proporción más cercana a la realidad. Pero en cualquier caso, la tasa de abuso por parte de sacerdotes católicos no es mayor que estas estimaciones sobre la población en general”.

La mayoría de los que abusan de menores solo tienen una cosa en común: una relación preexistente con su víctima. “Aquí se incluyen, desde luego, sacerdotes, pastores y rabinos, pero también familiares, amigos, vecinos, profesores, entrenadores, líderes scouts, voluntarios de grupos juveniles, y médicos. Según los estudios del gobierno, tres cuartas partes de los abusos se producen en el entorno familiar o en el ‘círculo de confianza’ de la víctima”, en situaciones donde los mayores tienen un acceso fácil y legítimo al trato con los menores.

Según Wingert, un motivo por el que los sacerdotes han aparecido más en este problema es porque los casos de abusos salen a la luz por oleadas. “Una razón es porque las denuncias se producen tarde: menos del 13% de las víctimas de abusos ocurridos entre 1960 y 1980 presentaron denuncia en el año en que se produjo la agresión. Dos tercios presentaron sus denuncias después de 1992, y la mitad de estos entre 2002 y 2003”.

Otra razón es que como la Iglesia no ha sabido castigar a sacerdotes que cometían abusos, “muchos casos salen a la luz solo cuando un sacerdote es finalmente puesto al descubierto. Un solo sacerdote abusador con acceso a niños puede ser responsable de un montón de casos”. Según el estudio del John Jay College, 149 sacerdotes en EE.UU. fueron responsables de más de 25.000 casos de abusos en el periodo estudiado de 52 años.

Otros expertos sugieren otras razones para que se hable más de los abusos en la Iglesia católica que en otras confesiones. La Iglesia católica tiene muchas más escuelas y programas con niños, y también hay que tener en cuenta su gran número de fieles, el segundo en el mundo y el más grande en EE.UU. “Cuando se consideran los datos (de abusos) per capita, no creo que la incidencia sea mayor en la Iglesia católica que en otras confesiones”, dice Allen.