SOBRE LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

Declaraciones del cardenal Rouco sobre la próxima beatificación de Juan Pablo II
  
Escrito por Ecclesia Digital
Sábado, 15 de enero de 2011
“La personalidad de Juan Pablo II es de una magnitud espiritual e histórica singular”
Madrid.15 de Enero de 2011.- En declaraciones al programa “Así son las mañanas del fin de semana”, de la Cadena COPE, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha hablado de la próxima beatificación de Juan Pablo II, anunciada por la Santa Sede para el domingo 1 de mayo.
Para el Cardenal, “desde el punto de vista teológico y que vale para cualquier beato, este anuncio supone que tenemos la certeza de que pertenece ya a la comunión de los santos y que puede interceder por nosotros, y que su vida es ejemplar. Esa es la sustancia teológica de cualquiera de estos acontecimientos. Se trate de quien se trate: desde la persona más sencilla y menos conocida del mundo hasta del Papa. Pero dicho esto, cualquier beato tiene su personalidad, su especial significación con respecto al presente y futuro de la Iglesia, y en este caso la personalidad del que va a ser declarado beato es de una magnitud espiritual e histórica absolutamente singular”.
De entre los muchos recuerdos que el Cardenal tiene de Juan Pablo II,  resaltó “la participación en una de sus primeras audiencias, siendo ya obispo auxiliar de Santiago de Compostela, a finales del 78 o comienzos del 79; conservo una foto que me impresiona mucho, porque me cogió por los hombros como diciendo: aquí, adelante, hay que llevar a la Iglesia por caminos de testimonio apostólico, de compromiso misionero, con esperanza, con entusiasmo… Me dejó muy impresionado. Hacía dos años, casi tres, que me habían consagrado obispo. También recuerdo otra anécdota de Pablo VI en una audiencia concedida a los obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago de Compostela, en visita ad limina, siendo obispo auxiliar. Después de la audiencia con los obispos el Papa me saludó, me cogió las manos entre las suyas, y me dijo: qué obispo tan joven para llevar la Cruz. El contraste entre aquella entrevista entrañable y el Papa nuevo que te coge por los hombros y te dice adelante era bastante notable. Y esa es la dimensión de Juan Pablo II, de ser una especie de gran misionero de la Iglesia, como Pablo, como Pedro; eso dominó todo su pontificado. Y también las relaciones personales con nosotros, conmigo. En una medida que no fue excesiva; tuve muchas ocasiones de verle, pero no vivía con él, no estaba en Roma. Pero donde más noté esto fue en todo lo relacionado con la preparación y desarrollo de la IV Jornada Mundial de la Juventud de Santiago de Compostela, en el año 89. Ahí es donde se veía al Papa testigo de Cristo queriendo llevar a la Iglesia y a sus jóvenes por esa experiencia de Cristo que salva y que hay que dar la vida en un mundo complejo y difícil”.
“También recuerdo la anécdota del día siguiente al estado de sitio en Polonia con el general Jaruselski. Era el año 81, en diciembre, y los obispos de Galicia estábamos en Roma de visita ad limina. Yo era obispo auxiliar. Nos habían dicho que el Papa nos invitaba a comer al día siguiente: era la primera vez que se hacía esto. Por la mañana, al levantarnos, nos contaron la noticia, pero la comida y la invitación permanecía. Cuando llegamos al comedor íbamos con mucho respeto, con cierta expectación, era más que nada una novedad, ya que hasta entonces no era costumbre en los Papas invitar a los obispos en visita ad limina a almorzar. Y allí estaba él, viendo la televisión: nos pidió disculpas porque estaba viendo lo que estaba ocurriendo en su patria. Pero después, la comida transcurrió con normalidad, hablando de asuntos de España: de la situación de la teología, del mundo universitario… A mí me obligó a hablar mucho en aquella comida. Y se veía en él esa figura apostólica absolutamente excepcional, que no truncó el atentado de mayo de ese mismo año, del 81”.
Para el Cardenal, es evidente la continuidad entre el Pontificado de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI “en la línea doctrinal y de gran pastoral, y espiritual; incluso en los grandes temas del diálogo fe y razón, de la evangelización del mundo contemporáneo, empezando por la vieja Europa, y continuando por los países de vieja tradición cristiana, hasta la forma y modo que tienen que configurarse abiertamente, con compromiso apostólico de anunciar el evangelio más allá de esa frontera de lo cristiano y lo católico milenario: hay una coincidencia completa. Es que tampoco el Pontificado de Juan Pablo II se puede explicar sin el Cardenal Ratzinger. Despachaban todos los sábados, todas las semanas. Yo creo que fue la persona, aparte de los que convivían con él, que tuvo una relación más directa y más personal con Juan Pablo II”.
El anuncio de esta beatificación en el mismo año en que se va a celebrar la Jornada Mundial de la Juventud en España “es de una providencia increíble. Nos emociona, nos desborda y nos coloca ante unas responsabilidades a las que tenemos que dar una aceptación que nos salga desde lo más hondo del corazón y de la vocación que hemos recibido. Cada uno desde la suya. Hay que mojarse”, concluyó.
__________

Declaraciones del Cardenal Dziwisz, antiguo secretario de Juan Pablo II, tras anuncio beatficación
El que fuera durante cuarenta años su secretario particular, el cardenal Stanislao Dziwisz, arzobispo de Cracovia, en sus primeras declaraciones al conocer la noticia expresó también su profunda gratitud a Benedicto XVI. En particular, la periodista de Radio Vaticano Adriana Masotti le preguntó cuáles eran sus sentimientos ante esta noticia:
«Para mí, aunque tenía la esperanza, cuando me llegó la noticia fue al mismo tiempo una sorpresa muy feliz. Me siento contentísimo por este anuncio hecho por el Santo Padre de la beatificación el uno de mayo. Teníamos la esperanza pero cuando llegó la noticia se desató una alegría inmensa. No sólo mía sino de toda la Iglesia de Cracovia y de toda Polonia. Alegría inmensa para las numerosas personas que durante el funeral de Juan Pablo II pidieron a grandes voces ‘santo ya’. Y esto se va cumpliendo. El uno de mayo no como uno de mayo, sino como Domingo de la Divina Misericordia, el primer domingo después de Pascua. Y este misterio y mensaje de la Misericordia que el Papa Juan Pablo II llevó a todo el mundo se une también a su beatificación. Por lo que se puede decir que se puede decir que es el Papa del Mensaje de la Misericordia para todo el mundo».

Opus Dei, Vigo