LA OPINIÓN DE UN ESPECIALISTA INFORMADO

“Preguntas timoratas, críticas decididas y polémicas para There be dragons
Juan José García Noblejas, profesor de Narrativa Audiovisual  www.scriptor.org
Viernes, 25 de marzo de 2011

  
           Ayer vi el video de 60 minutos de la rueda de prensa con parte del equipo de Encontrarás dragones, y hubo momentos en que sentí pena al ver el carácter timorato de algunas preguntas, planteando una especie de reproche a los allí presentes por haber hecho esta película.
Timorato–dice el Drae- es alguien “que se escandaliza con exageración de cosas que no le parecen conformes a la moral convencional”. Y la moral convencional para los que hicieron algunas preguntas parecía ser la que considera inmoral y por tanto reprochable, que haya profesionales que se atrevan a hacer una película que no sigue el “guión previsto” respecto de la guerra civil española, la Iglesia católica, el Opus Dei o san Josemaría Escrivá. Lo “políticamente correcto” puesto en su sitio, en plan Sinde: por supuesto, la ideología por encima del cine.
Y al tiempo resultaba divertido observar que esos timoratos moralizantes parecían por esto mismo escandalizados de que Roland Joffé -quien vive en el extremo opuesto de rigideces ideológicas maniqueas como éstas y abomina de la “industrialización de la política” que entrevé en España- y escandalizados de que también los demás profesionales allí presentes, se atrevieran a pensar cada uno por su cuenta y dijeran en voz alta y en público, no lo “políticamente correcto” en plan Sinde o similares, sino lo que les dictaba la conciencia o les daba la real gana: que están contentos porque han hecho una gran película, con una producción muy cuidada e interesante y un guión y dirección muy poco convencionales. Una película que –por encima, precisamente, de maniqueísmos ideológicos- explora de frente grandes y complejas cuestiones humanas (entre el amor y el perdón) todas universales y muy cercanas a la sensibilidad de cualquier persona. En definitiva, que han hecho un gran espectáculo de emociones, sentimientos y valores que pocas veces circulan por las pantallas.
Y allí quedaron aquellos como acoquinados por el qué dirán de colegas y jefes maniqueos. Dando pena y una impresión menos grata, que desde luego fueron generosamente compensadas, con creces, por la inteligencia, el sentido común y la profesionalidad de las respuestas, empezando por las de Roland Joffé y siguiendo por las de cada uno de los demás presentes en el panel.

Críticas en algunos diarios nacionales
Quizá a esos timoratos les habrá sentado mal lo dicho hoy (Al cine con Boyero) por el intocable crítico del diario El País, Carlos Boyero, con su habitual bonhomía que a alguno puede parecer displicencia. Ha dicho que se imagina “que es una película que ha pagado el Opus Dei para hacer un biopic exaltante de su máximo líder; yo por el Opus Dei, como puedes imaginar –Boyero habla al presunto o real entrevistador de su video-, no siento la menor empatía, sino todo lo contrario.
Aclarado esto -sigue diciendo Boyero- creo que Roland Joffé ha hecho un trabajo muy bueno: el director de La Misión, Los gritos del silencio, creo que ha hecho una ambientación modélica de la España de la guerra y de la postguerra; que los actores están muy bien dirigidos: esos actores ingleses que parecen españoles; que la historia está bien contada y tiene la habilidad de recoger una época concreta de Escrivá de Balaguer, precisamente lo que le ocurrió en su infancia y en la guerra civil”.
Se entiende muy bien que Boyero pida a su interlocutor que imagine que no tiene empatía (capacidad de participación afectiva de alguien en lo que afecta a otro) ante algo que no debe conocer muy bien, ni parece interesado en remediar su ignorancia, ya que prefiere imaginar que “la película la ha pagado el Opus Dei”, con esta o aquella finalidad, antes que enterarse de la realidad del asunto, que no es tan complicada.
En todo caso, es honroso plantear de entrada la propia premisa mayor para luego seguir hablando.
En fin, no estoy muy seguro pero pudiera darse que si–a pesar de su premisa mayor, que nada tiene que ver con el cine, que en principio es de lo que sabe- Boyero dice que Joffé ha “hecho un trabajo muy bueno” en la película Encontrarás dragones, es de imaginar que un tropel de críticos timoratos y voluntariosos ya tiene dado el tono para que cada cual haga sus propias variaciones sobre el tema, incluidas sus propias premisas mayores.
Por supuesto que hay muchos otros  críticos de casta, autónomos, concienzudos, a quienes les gusta el cine por encima del qué dirán los colegas, y que sin duda dirán, más o menos razonado, lo que les parezca oportuno decir.
Por el momento, hablando sólo de lo que encuentro en diarios nacionales, veo que alguno ha asomado la pluma cometiendo sin darse cuenta el mismo “delito” catequético que adjudica, gratis total, a la película (es curioso observar cómo se impregna lo escrito por alguno -o algún otro y alguno más- de lo mismo que reprocha en lo que otros hacen). Otro  destaca -al fin, con patente sentido común- que más allá de todo, esta película habla del perdón y la redención , tan necesarios antes, ahora y siempre...  El diario de más allá, tras decir -buscando lectores en la red- que el cine está al servicio del Opus Dei, descubre con un crítico perplejo que Joffé por un lado humaniza a su santo y por otro le resta protagonismo con otra trama paralela, sin caer en la cuenta, bien de la relevancia temática de las tramas secundarias, bien del lema vital de ese santo que pretendió “no lucirse” con protagonismos. No falta el que, diario de progreso y por tanto en principio idealista, resulta que sólo habla de los dineros, la mercadotecnia y demás ingredientes que propician un “taquillazo cristiano”, justo ante una película que tiene mucho más de long slow runner que de pelotazo y olvídate como Torrente4, con la que coincide con menos de la mitad de copias en los cines de España. Como éstas, es probable que  aparezcan otras variantes de moralismo timorato.
Y se entiende todo esto, porque cuando se va a hablar o escribir de esta película sucede –aunque parezca extraño, curioso, y al tiempo muy real- que lo primero que viene a la boca o la pluma, es la necesidad de plantear una premisa mayor, o declaración de principios, o confesión inicial ante los lectores, como la de Boyero. Por eso, porque ha visto la necesidad de dar sus explicaciones previas, me he detenido a transcribir sus palabras. Los prejuicios, primero. Sin mezclarlos en batiburrillo y hacer de ellos el lugar desde donde se deducen los posibles juicios subsiguientes.

Mi premisa mayor
He escrito un texto largo sobre Encontrarás dragones que –por razones técnicas que no son del caso- verá la luz pública dentro de 15 o 20 días. Pero he pedido permiso a los editores para poner aquí algunos entresaques no desdeñables de lo escrito.
Sobre todo, porque también me encuentro poniendo por delante mi propia premisa mayor,  al escribir después de haber podido ver y pensar el film en cuatro pases diversos, en los dos últimos meses, en España e Italia. Siguen algunos párrafos.
He de decir paladinamente que Encontrarás dragones me ha resultado –de entrada- una película inabarcable, difícil de objetivar y hacer mía, sin más, al primer golpe de vista.
Esta situación es síntoma, de ordinario, de que se trata de una película de entrada muy interesante. Tanto por las cosas de la historia que cuenta, como por el sentido de esas cosas en el mundo que crea.  Algo de este tipo suele suceder a casi todo el mundo con unas cuantas películas, que en mi caso van desde Cantando bajo la lluvia, Casablanca o El Padrino, hasta otras quizá menos esperables, como El espíritu de la colmena, O Brother! o El dilema (The insider), dejando un largo etcétera en el tintero. Son películas de las que se puede decir aquello que Joseph Pieper considera que es lo mejor que puede decirse a una persona: ¡qué bueno que existas!
Encontrarás dragones ofrece en sus tramas y desde luego en el sentido global del mundo creado por Roland Joffé, un fuerte sentido artístico de coherencia interna, abierto a la exploración de los horizontes del corazón humano. Y quisiera decir algo –aludido explícitamente por Eugenio Zanetti en la rueda de prensa- que tiene que ver con la mayor o menor dimensión “poética” (y no sólo “retórica” o “crematística”, asuntos donde suelen enfangarse tantas críticas) de las películas. Hay películas especialmente “poéticas” o catárticas, enriquecedoras, cada una a su modo, listas para ser vistas –con agrado- al menos un par de veces. Es el caso de Encontrarás dragones.

Cine-cine
No hablaré aquí de los logros del envidiable equipo artístico y técnico reunido por Joffé. Prefiero ir al grano, diciendo que Encontrarás dragones es cine-cine.
Es decir, tiene el mismo aroma y gusto –para quienes gustan del cine- que el aroma y el gusto del café-café para quienes gustan del café. No hay edulcorantes, aun y cuando la trama incluye ingredientes de los llamados  comprometidos por algunas mentalidades más bien maniqueas: la violencia del capitalismo feroz, el anarquismo o la participación nazi en la guerra civil española, la figura de Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Nada se endulza que pudiera tener sabor desagradable o amargo, nada se embellece o mejora falsamente, no se mitigan aspectos hirientes o desagradables de la realidad histórica.
Roland Joffé conduce las tramas de su película por los laberintos de enfrentamientos ideológicos, de un modo que resulta al tiempo sorprendente y ejemplar: sin equilibrismos irenistas, mostrando las cosas en contexto, con autenticidad y búsqueda de la verdad histórica genuina.

Película sin teorías
Dice un personaje de Marcel Proust en A la búsqueda del tiempo perdido que “una obra de arte que encierre teorías es como un objeto sobre el que se ha dejado la etiqueta con el precio”.
Encontrarás dragones es una película sin teorías filosóficas, sin ideologías políticas, sin propaganda de nada. Cierto que se enfrenta con un mundo –como dice al comienzo- en el que “o bien uno juraba sobre la Biblia… o bien escupía sobre ella”. No escurre el bulto al ofrecer el panorama de enfrentamientos ideológicos, pero su peculiar aproximación hace que sólo algún espectador con menguadas dotes racionales pueda entender la película como una historia ideológica de buenos y malos.
El cine  -por desgracia- se alimenta, y nos alimenta, en principio, con historias de buenos y malos. A veces ganan los malos, o ganan los buenos haciendo cosas malas, tanto da, desde cualquier punto de vista. Roland Joffé se aleja de esos territorios y dedica su trabajo a explorar la naturaleza y condición humana, de modo que lo que está en juego son asuntos como la familia, el amor y la amistad, la fidelidad o la envidia y la traición.
Joffé explora y destapa, sobre todo, los vericuetos vitales, no sólo psicológicos, por los que nace, crece y circula la capacidad humana de perdonar y desde luego la necesidad de ser perdonado. El amor concreto y genuino.

Película con punto de vista
Joffé adopta la perspectiva de Josemaría, precisamente situado en la trama secundaria, y que es –dicho sin doublespeak- precisamente la relación de familiaridad filial con Dios. Una perspectiva que no es etiqueta proustiana con un precio puesto sobre el regalo de esta obra artística. Es un punto de vista que supone tomarse la trascendencia sobrenatural de la religión en serio, y que Joffé adopta sin vivirla personalmente –es, como suele comentar, un “wobbly agnostic”- cosa que le permite introducir algunos interesantes detalles de estética autoirónica y también de misterio genuino en la película.
André Malraux dijo en algún sitio que “el siglo XXI será espiritual, o no será”. No se refería a los fundamentalismos religiosos, sino, sobre todo, a quitar la ciencia, o el poder o el dinero del puesto de dioses usurpadores: “la tarea será la de volver a poner los dioses en su sitio”. Me parece que, en lo que respecta a poner a Dios en su sitio, Joffé lo ha hecho con claridad en esta película. Entre otras cosas, haciendo compartir su admiración por el mensaje y por quien primero lo proclama con su vida, de la llamada divina a la santidad, para todo el mundo. Algo real e infinitamente lejano de las etiquetas con precios ideológicos.

Manolo, protagonista trágico
La trama principal de Encontrarás dragones presenta a Manolo (personaje ficticio en el que todos cabemos, vida paralela de Josemaría), viviendo como un héroe trágico clásico, pero poéticamente (catárticamente) abierto a la trascendencia última de un Dios y también de un hijo que perdonan, en vez de ser como un Edipo o un Creonte condenados a vivir en el horror causado por sus imprudencias teóricas y prácticas.
La película puede resultar un tanto enigmática para quien desconozca qué es una tragedia. Porque si bien todo el mundo queda prendado de la figura de Josemaría, que circula –con sus abismos circunstanciales de oscuridad  consciente- por caminos básicos de relato épico (perfecta la escena con el Obispo), sucede que la contrafigura del protagonista Manolo puede resultar incomprendida, dado que es una figura trágica.
Manolo vive fiado en sus propias fuerzas, egoísta, envidioso, cínico (perfecta la escena del piano), pagano pero con un leve rescoldo de admiración y no sólo envidia por Josemaría, algo que le lleva a descubrir la esperanza y a vivir la donación personal, sabiendo razonar el perdón que pide a su hijo, para que éste –no sólo él- pueda ser feliz.

Una gran película
Una gran película, con grandes actuaciones y grandes logros de grandes profesionales. Y con defectos, que la hacen mucho más parecida a nosotros. El riesgo de Encontrarás dragones está en el tamaño que quiera asumir el espectador, y también el crítico.
La solución: ver esta gran película una segunda vez, que es cuando y como mejor se aprecia, y -si queremos- nos podemos poner a su estricta altura, en vez de mirarla desde arriba o desde abajo, o desde los lados izquierdos o derechos, o incluso mirar hacia otro lado -nos guste o no hacerlo- en vez de mirar hacia la realidad donde apunta Joffé y el sentido de su película- para poder hablar de ella.
Con un segundo visionado, los dragones personales quedan algo más domesticados, y entonces quizá resulta más fácil -como viene a decir el proverbio chino- mirar dónde apunta el dedo, en vez  que quedarnos discerniendo las peculiaridades del mismo dedo.

Opus Dei, Vigo