TODO SOBRE LA CRUZ


“El principio activo del amor de Dios, la medicina definitiva de la salud”
Martes, 13 de septiembre de 2011
En la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), lo que es la Cruz a través del Crucifijo de la JMJ 2011 Madrid entregado a los jóvenes peregrinos como medicamento llamado “Nadie tiene AMOR + grande”. Junto al crucifijo, va el prospecto correspondiente. Este es su texto:



1.- ¿Qué es el crucifijo y para qué se usa?
El principio activo del crucifijo es el Amor de Dios a los hombres, que se manifiesta de forma perfecta en la Cruz de Cristo, en su entrega plena.
Cristo es médico y medicina: “ninguna otra causa impulsó más a Jesucristo a venir al mundo que salvar a los pecadores. Si un gran médico bajo del Cielo es porque había un gran enfermo que curar: todo el mundo” (San Agustín).
La Cruz es una invitación a la entrega personal y plena, también por amor.
La Cruz es el signo más (+): lo que une el cielo y la tierra y lo que une a los hombres. Es símbolo universal de paz y de amor, una llamada a la concordia, a la tolerancia, a la justicia, al perdón. Manifiesta la bondad de Dios y la libertad del hombre.
2.- Indicaciones.
La Cruz nos espera cada día. Se presenta de diversas formas: cansancios, tentaciones, problemas, enfermedades, desastres, muertes, contrariedades…
El Crucificado nos dice: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo tome cruz cada día y me siga”.
Aseguran los expertos que muchas personas llaman cruces a realidades que no lo son. Son falsas cruces que se inventan por egoísmo, comodidad, falta de reciedumbre, alergia al sufrimiento, susceptibilidad…
3.- Contraindicaciones.
No se debe utilizar jamás la Cruz de Cristo para justificar la violencia y el rencor. El odio se contradice con el Amor, que es el principio activo de la Cruz de Cristo.
Por este motivo, nunca se debe llevar u ostentar una cruz o la imagen del Crucificado de forma indigna, ridiculizando y desnaturalizando su verdadero sentido.
4.- Precauciones.
Desde el siglo I, la Cruz de Cristo no ha dejado indiferente a nadie. Unos se abrazan a ella por amor y otros la consideran una locura, es el llamado escándalo de la cruz.
Es posible que en un primer momento acoger la Cruz de Cristo le parezca desagradable y costoso, al experimentar la renuncia y el sacrificio. Es un síntoma normal, no se preocupe. Cultive la esperanza: muy pronto actuará el principio activo del crucifijo y también la alegría del amor. Es el fruto del abrazo gozoso con Cristo Resucitado.
La Cruz de Cristo no asegura una vida cómoda, pero sí un corazón enamorado, a semejanza del Crucificado. La elección entre la comodidad y el amor depende de usted.
Ser amigo de la Cruz y vivir enamorado de Dios le llevará a comportarse de un modo distinto, con un estilo de vida que llamará poderosamente la atención en muchos ambientes. El Crucificado le dará fuerza y alegría para ir contracorriente, difundiendo eficazmente a su alrededor el principio activo de la Cruz: el amor, la felicidad.
5.- Advertencias.
Siempre cuesta llevar la cruz, especialmente cuando se presenta sin buscarla.
Si ha vivido lejos de Dios es posible que experimente algunos de estos síntomas, con mayor o menor intensidad, según circunstancias.
Puede:
-costarle reconocerse pecador y no aceptar la realidad del pecado en su vida.
-vivir como si Dios no existiera.
-sufrir debilidad espiritual, especialmente si lleva mucho tiempo en esta situación.
-padecer algún trastorno interior: soberbia, lujuria, ira, avaricia…
-haberle fuertes dependencias una vida moral desordenada.
Se conocen casos en los que el alejamiento de Dios ha llevado a la ansiedad, al consumismo, a la desesperanza, al materialismo, al cinismo, al fanatismo, al nihilismo…
Si usted está embarazada, comprenderá de una forma muy especial el sentido de la Cruz, ya que está padeciendo por amor las molestias de su embarazo, consciente de que amor es vida y da la vida. Es lo mismo que hizo el Crucificado por nosotros: por medio de sus dolores nos dio la Vida y nacimos a la vida eterna.
6.- Dosis.
En esta Medicina, no hay riesgo de sobredosis. El corazón ansía el amor verdadero: “nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto está hasta que no descanse en Ti” (San Agustín).
El proceso de curación del crucifijo sigue los pasos siguientes:
-en primer lugar, se reconocerá pecador y diagnosticará el mal como lo que es: un pecado personal, y “la primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión. El hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la gracia de lo alto” (Catecismo de la Iglesia Católica).
-al mismo tiempo brotará de su corazón un acto de contrición ante la Cruz de Cristo. No será una simple constatación o un lamento por los propios pecados considerados como limitaciones, fallos o cosas que pasan. Será un verdadero dolor de amor por haber ofendido al Crucificado.
-este acto de contrición le permite renovarse, partir de nuevo desde cero. Jesús dice: “hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.
-recuerde que tiene disponible a un sacerdote en la iglesia más cercana. “La confesión es un renacimiento espiritual, que transforma al penitente en una nueva criatura. Este milagro de la gracia solo puede realizarlo Dios y lo cumple a través de las palabras y de los gestos del sacerdote” (Benedicto XVI).
7.- Modo de empleo.
El crucifijo puede usarse de muy diversas formas, a cualquier hora del día y de la noche. Procure usarlo diariamente.
El crucifijo se puede:
-llevar encima, del mismo que muchas personas llevan la fotografía de los que aman en su agenda, en su cartera, en su móvil, en su salvapantallas o en su coche. Los que aman a Cristo procuran llevar siempre con ellos su crucifijo, la cruz de Cristo.
-situar en muchos lugares. La cruz preside –como signo de amor y de amor- ciudades, montañas, cruces de caminos y edificios. Hay crucifijos en millones de hogares, ricos y pobres, de los cinco continentes. Al bautizar a los recién nacidos, se les hace la señal de la cruz. Los niños llevan el crucifijo el día de su Primera Comunión. A muchos enfermos la visión del Crucificado les conforta y alienta en medio de los sufrimientos. Miles de personas mueren con el crucifijo en las manos, y el signo de la cruz predomina en el lugar donde reposan sus restos mortales en espera de la resurrección.
-mirar y dejarle hablar. “La cruz es un libro vivo del que aprendemos definitivamente quiénes somos y cómo debemos actuar. Este libro siempre está abierto ante nosotros “(Beato Juan Pablo II). “¡Miremos a Cristo traspasado en la cruz! El es la revelación más impresionante del amor. Desde esa mirada, el cristiano recuerda la orientación de su vivir y de su amar. Al contemplar a Cristo, al mismo tiempos somos contemplados por Él” (Benedicto XVI).
-besar. El beso al crucifijo es una manifestación profunda del amor a Cristo. Se recomienda vivamente. “Tu crucifijo. Por cristiano deberías llevar siempre contigo tu crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte al descanso y al despertar. Y cuando se rebele contra tu alma el pobre cuerpo, bésalo también” (“Camino”).
-convertir en oración. Esto se logra acudiendo a la imagen del Crucificado y preguntándole, mirándole a los ojos: “Jesús, Tú que has muerto de amor, ¿qué quieres que haga por Ti?
La oración ante el crucifijo es una fuerza que renueva poderosamente el alma. Otorga energía espiritual para acometer los empeños más grandes. La mejor oración es que la que el mismo Cristo nos enseñó: el Padre Nuestro.
8.- Efectos secundarios.
Tener cerca la Cruz de Cristo le llevará a:
-- vivir con alegría, abandonado en las manos de Dios.
-- superar con garbo las dificultades de cada día.
-- llevar una vida noble y limpia.
--santificarse en su trabajo y servir a los que viven y trabajan en su entorno.
-- defender con valentía los derechos de Dios y la justicia social, la honestidad profesional y a los más débiles y necesitados de la sociedad.
-- abrir su corazón para la escucha de la llamada de Dios a una entrega total.
-- unir sus deseos más profundos a los deseos del Corazón de Cristo.
-- hablar de Dios con desparpajo.
9.- Si omitió tomar esta medicina…(por pereza, ignorancia o intencionadamente)
Está ampliamente comprobado que lejos del amor de Cristo –la Medicina que sana el corazón- se presentan algunos efectos adversos, frutos del pecado. Toda persona los experimenta en su interior, de modo diverso y con intensidad variable. Se han descrito los siguiente síntomas entre otros:
-erupciones de rencor y alteraciones en la capacidad para olvidar las ofensas.
-tartamudeo al articular palabras de perdón.
-disminución de la compasión y de la comprensión ante los fallos ajenos.
-incontinencia de la ira, la lujuria y la soberbia.
-vértigos de vanidad.
-secreción salivar paradójica, abundante para las quejas, la crítica y la murmuración, y sequedad de boca para hablar de Dios en voz alta.
-visión borrosa de la realidad: donde hay hermanos se ven enemigos.
-náuseas de egoísmo, que llevan a ignorar o a despreciar a los más débiles.
- confusión moral.
- tendencia a la pereza, al injusticia, al robo, etc.
- insensibilidad ante las necesidades ajenas.
- brotes de irascibilidad, con proclividad al insulto y a la denigración.
- amnesia de los pecados cometidos y pérdida parcial de la memoria que pretende justificar la mentira.
En casos extremos, se puede llegar al odio, la violencia, el asesinato…
Cada uno de nosotros puede decir sin equivocarse: Cristo me amó y se entregó por mi” (Benedicto XVI).
Es frecuente que se produzcan efectos visibles y constatables desde el punto de vista somático. En muchos casos, se detectan fácilmente por la mirada.
Es aconsejable realizar, con la ayuda de Cristo, una autoexploración interior para conocer cuáles de estos síntomas –y en qué medida- se padecen personalmente. Si tienen carácter grave, debe acudir lo antes posible al Médico –el sacerdote es su representante en el confesonario- para que le perdone, le sane y le devuelva la paz. La confesión es el sacramento de la alegría.
A continuación, se recomienda vivamente recibir al Señor en la Eucaristía. Conviene recordar que “quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la reconciliación antes de acercarse a comulgar” (Catecismo de la Iglesia Católica).
10.- Duración de este tratamiento.
TODA LA VIDA.
Recuerde: cuanto más se una a la Cruz, mayor será el influjo de su principio activo.
Su uso intenso y continuado potenciará el efecto del amor en las diversas facetas de su vida.
11.- Caducidad.
Este medicamento no tiene fecha de caducidad. La Cruz de Cristo es la medicina definitiva. No caduca nunca. “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (San Pablo).
12.- Presentación.
Crucifijo de metal con la imagen de Cristo Crucificado. La Cruz original era de madera tosca. La crucifixión era la tortura más atroz, el castigo reservado a los esclavos.
13.- Observaciones finales.
1) Mantenga el crucifijo al alcance de la vista de niños, jóvenes y mayores. Todos encontrarán en la Cruz de Cristo la verdadera felicidad para sí mismos y para los demás.
2.) Junto a la Cruz, se encuentra su Madre, nuestra Madre María. Tiene a dos hijos frente a frente: a Jesús crucificado y a lector de este prospecto.
3.) Esta Medicina no precisa receta médica.


Opus Dei, Vigo