CONFERENCIA RECOMENDADA

Amor matrimonial
José María Contreras
25 de enero de 2013 Colegio Montecastelo



 Me dedico a la formación de directivos, hago coaching de directivos, eventos, y una de las grandes cosas que he aprendido haciendo eso es que el éxito profesional no llena al ser humano. Cuando me llama alguna persona para hacer coaching, coaching live se llama ahora, no sólo coaching profesional, como tenga más de 55 años lo único que le interesa en hablar de su familia, de los éxitos y fracasos que ha tenido personalmente. Porque hay gente que cuando es joven, y pone muchas ilusiones en su carrera profesional, sin darse cuenta suben la escalera del éxito en la pared equivocada. Cuando están arriba se dan cuenta de que no era la escalera ni la pared que había que subir. Es un tema que está haciendo sufrir mucho. A pesar de la crisis y de lo mal que estamos teóricamente, las pateras siguen llegando.
No olvidéis que estamos entre el 15% de la población mundial que mejor vive. Aquí todos los días dormimos bajo techado y comemos, y bebemos agua. Es una de las grandes aspiraciones del ser humano. Pero el gran sufrimiento que hay aquí es otro. Hace pocos días iba con un directivo de empresa por Madrid, y al pasar junto al hospital Gregorio Marañón, quizá el más grande, “cuando yo era pequeño, el sufrimiento era que entontes resultaba difícil encontrar comida. Los padres se preocupaban mucho de “hay que comer”. De hecho, en mi casa, cuando se caía un pan al suelo, se le recogía y se le daba un beso. Alguno os acordaréis. Ahora el sufrimiento no está ahí, ni es este hospital. El sufrimiento está en la familia porque no saben quererse.” Y es verdad. Ahora que comemos todos los días, el gran sufrimiento que hay en la sociedad es que no sabemos querernos ni sabemos mantener nuestros cariños. Y ese es un sufrimiento de por vida. Y un padecimiento en el que sufre también la gente que hay alrededor.
Los grandes educadores en el amor que hay actualmente en esta sociedad son los programas y las revistas del corazón. ¿Y qué dicen estos? Que el amor es un sentimiento, sólo un sentimiento. Siento, quiero; siento, quiero. Dejo de sentir, dejo de querer. En el momento en que el sentimiento desaparece, ha desaparecido el amor, y tengo que ir a buscar otro amor.  Hace poco me decía un directivo al que le conté esto “o sea que ¿me estás diciendo que el amor no es sólo un sentimiento? ¡Hombre, claro!” Luego me contó que ya llevaba dos divorcios; tenía 42 años.
Y es que el ser humano no es dueño de sus sentimientos. Yo no soy dueño de mis sentimientos. Si el amor fuera sólo sentimientos, como no soy dueño de ellos, no sería dueño de mis amores. Y eso me llevaría muy lejos, porque el ser humano es libre porque puede elegir sus amores. Si no fuera dueño, entonces sería cierto que mi amor no depende de mí. Es verdad que el sentimiento es muy bonito, que el sentimiento es precioso, que el sentimiento ayuda mucho… Pero yo no sé cómo retener ese sentimiento. Ese sentimiento va y viene independientemente de lo que yo haga. Si yo pudiera retener ese sentimiento bonito, precioso, fenomenal, lo pondría en una especie de GPS sentimental hasta que me muera y punto: se habrían acabado los problemas. Pero ese sentimiento va y viene. Cuando ese sentimiento acompaña, fenomenal. Cuando no acompaña, hay que seguir queriendo. Y entonces uno tiene que poner en marcha la inteligencia para saber cómo hay que seguir queriendo, qué hay que hacer para seguir queriendo, y la voluntad para hacerlo. O sea, que el amor depende del sentimiento, de la inteligencia y de la voluntad. De estas tres cosas depende el amor. Cuando el sentimiento ayuda, la inteligencia y la voluntad, no hay ni que utilizarlas; va uno cuesta abajo. Ahora, cuando el sentimiento no ayuda, hay que echar mano de la inteligencia y de la voluntad.
Me acuerdo ahora de que en el centro, que yo conozca, más importante de liderazgo en EEUU, cuyo director ha muerto recientemente, Stephen Covey (autor del libro “los siete hábitos de la gente altamente efectiva”), van los directivos hacer coaching live. Al que decía “es que yo no quiero a mi mujer”, le decían “pues quiérela”. “Pero es que estoy diciendo que no la quiero”. “Pues quiérela”. Es que el verbo querer es transitivo: implica hacer cosas. “Usted es como si tuviera un filete y dijera: es que no como. ¡Pues come! Corte un trocito con el cuchillo, y a la boca. Pues es lo mismo: ¡quiérala! Vaya usted a su casa, abra la lavadora, póngase a colgar los trapos, vacíe el lavavajillas, dígale un piropo… ¡ya está queriéndola! Eso te lo dicen es esa escuela de liderazgo. Y eso es así. La falta de cariño se suple queriendo. Lo que nos pasa es que no queremos querer. Porque algunas veces en la vida el querer exige esfuerzo. Y entonces, como todo lo que cuesta, lo rechazamos, pues es lo que está pasando en nuestra sociedad actual. Es un problema de comodidad.
Ahí es donde está el tema. Porque el ser humano tiene dos clases de amores: no todos los amores del ser humano son iguales. Unos amores que puede perder, y otros que no puede perder. Entre estos últimos está (bueno, ahora hay mucho “pirado”, y estoy hablando para gente normal) el cariño a los padres, el cariño a los hijos. Fíjate, ¿qué te tiene que hacer un hijo para que le digas: si lo vuelves a hacer, dejo de quererte? Incluso lo puedes decir, pero no lo vas a cumplir, porque no puedes. No puedes. El cariño a la ciudad donde uno ha nacido, el cariño al equipo de fútbol..., es imposible; por ejemplo, cambiarse del Madrid al Atlético de Madrid ¡es imposible! ¡No conozco a nadie! Pues sí, se mantiene sólo.
En cambio hay tres amores que es donde uno se juega la partida de su felicidad que sí se pueden perder, que no se mantienen solos: uno, el amor a Dios, el amor a la pareja y el amor al trabajo. Son amores muy parecidos, aunque parezca lo contrario. Al principio deslumbran (te enamoras de una niña, de un trabajo nuevo –con coche, con oficina chula, mira qué edificios-, una conversión…) se siente una alegría nueva. Pero ese sentimiento va decayendo. Y como no se cuide, nos vamos focalizando cada vez más en lo negativo de ese cariño. Y entonces ya no se habla bien del trabajo. (He ido muchas veces a empresa en las que preguntaba al jefe: “¿aquí cuántos tienes que te funcionen? Y respondía: ¡Hay dos que no funcionan! Pero, ¿cuántos funcionan bien? Ya te digo, que hay dos que no funcionan”. Focalizado en lo negativo. El cariño a Dios… “y ahora ir a Misa… ¡qué rollo!” Pero vamos a ver hombre. El cariño a la mujer o al marido, igual. Le preguntas a la gente por la calle, una entrevista con micrófono y dices: Virtudes de tu mujer. ¿Virtudes de mi mujer?... Pues ahora que lo dices, virtudes…, pues es buena chica, pero virtudes, virtudes…, vamos a ver… Y cambias ¿defectos de tu mujer? Y ahí va, de corrido… ¿Por qué? Porque estamos focalizados en lo negativo. No estamos peleando la vida. Estamos focalizados en lo negativo, lo que nos molesta. No son ya sus defectos, no tiene que ver con defectos ni historias: es que a mí eso me molesta. ¡Es que mi mujer es muy puntual! Pero si la puntualidad no es un defecto. No te voy a decir que sea una virtud, porque igual te me cabreas, pero ¿un defecto? Pero a mí me fastidia; hay que ser más amplio, ¿sabes?, hay que tener más correa. Pues dime más defectos. He hecho esta pregunta muchas veces y no me han dicho defectos, sino las cosas que le molestaban. Convertimos en defectos todo lo que me cabrea.
Claro, así, la convivencia se hace muy complicada. Porque hoy me puede enfadar, y mañana no. Depende de mi estado de ánimo, no depende objetivamente de una cosa, sino de cómo yo me encuentre.
Porque el ser humano, reconozcámoslo, es tan complejo que no puede estar solo ni estar acompañado. Cuando está solo, está cabreado, que si la soledad… Si está acompañado, que quiere estar solo.
Estos amores se pueden perder. He dedicado mucho tiempo a pensar estas cosas porque debía responder a las cuestiones que me planteaba mucha gente en mi trabajo.
¿Cómo se mantiene el trabajo, la ilusión por el trabajo? ¿Qué hacen las grandes empresas? Invierten mucho dinero en formación. Quizá esa formación no sirve aparentemente para nada, pero hace que la gente esté “alertizada“en el trabajo. La formación sirve para que la gente siga rindiendo en su trabajo. Pues en el tema de Dios, en el tema de la pareja, la formación sirve para lo mismo. Una pareja que se forma, seguirá queriéndose, porque la formación sirve para cuando te caes, levantarte. Si dejas de formarte, llega un momento en que te caes y ya no te levantas. Es vital. Generalmente, cuanta más facilidad tiene uno para acceder a las cosas, con más facilidad se omiten. Ocurre en la educación de los hijos. A cuántos les sucede que tienen todos los días para hablar con sus hijos, y pasan los años y no han hablado en serio, a fondo, nunca. Lo mismo, las conversaciones en el matrimonio, hablando no sólo de las trivialidades de cada día, sino de las verdades de la vida, de los temas que realmente importan en la vida: muy poco. Y es importantísimo hablar de lo que de verdad importa (Congresos de Fundación Ferrovial: “lo que de verdad importa”)

Si nos fijamos en lo que muchas veces hace difícil la convivencia, son dos cosas: el 99,99% de las parejas que se separan lo hacen por cosas de carácter, el mal carácter que todos tenemos, o por cosas de creencias. El otro 0,01 %, por enfermedad.
La convivencia se hace difícil por el carácter, porque todos tenemos mal carácter. Y entonces hay que procurar vivir con una cierta educación la vida rutinaria, siendo respetuoso, no diciendo lo que no se debe decir. Si nos tratásemos como tratamos a los vecinos, con la delicadeza que intentamos tener cuando estamos fuera de casa, habría muchas menos separaciones. Porque luego entramos y casa, y parece que nos cambia el carácter. Metemos la llave en la cerradura, y ya cambió.
Y las creencias. La creencia que nos lleva a no saber pedir perdón. ¿Cuántas veces has pedido perdón? Perdón, de verdad. De una discusión, lo único que interesa de verdad, lo único que interesa es el primero que pide perdón. De todo lo demás no se va a sacar nada en claro. Porque las cosas se sacan en claro hablando, no discutiendo...Cuando se quiere llegar a un acuerdo, no cuando se quiere defender la postura. Y hay gente que, por defender una postura pone en peligro su matrimonio, la felicidad de sus hijos de por vida. Cuanto más inflexible es una persona, esa persona cree que lo que está demostrando es su personalidad. Porque si ahora digo que esto ya no es así, y llevo equivocado cinco años, pues parezco un “pagafantas”. Pues las personas con más personalidad son tremendamente flexibles. La inflexibilidad es una manifestación de complejo de inferioridad. Alguien con personalidad te escucha, y si ve que tus razones son convincentes rectifica y te da la razón. Ejemplo: fallece repentinamente un vendedor de Glaxo y a los pocos días fue a visitar a la viuda, que le dijo:
- José María, lo que más me gustaría es tener a Manolo 10 minutos, para poder decirle cuánto lo necesitaba y lo mucho que lo quería. –llevaban muchos años casados.
-Pero mujer, no te preocupes, si eso ya lo sabía.
- no, no. No lo sabía
- pero, ¿por qué dices que no?
- porque no se lo dije nunca
- ¿Y eso?
- ¡No fuera a ser que se lo creyera!

Estas cosas pasan mucho en el matrimonio. Como es una relación entre iguales, no se dicen las cosas no vaya a ser que me tome ventaja y luego ya no lo pille. Y siempre son esas dos o tres cosas en las que un matrimonio se atasca, que siempre son las mismas; cuando uno habla de esas cosas siempre mantiene su postura. ¿Cómo voy a decir, después de 10, 20 o 30 años de casados que en esto, el otro tenía razón? Entonces ya no lo alcanzo nunca ya. Pues ahí es donde hay que demostrar el cariño. Ahí, diciendo: es verdad, tenías tú razón.
Pasa muchas veces: sostenella y no enmendalla”, porque parece que pierdo. Y muchas veces hay que dar el brazo a torcer, y esto es una manifestación de cariño. Porque yo quiero lo mejor, y si tengo que cambiar de postura, de pensamiento, de opinión, pues lo que debo hacer es cambiar.
Hay que saber ceder. Hay que saber querer aunque el sentimiento no acompañe. Muchas veces decir al otro “tienes razón” es una cosa que cuesta mucho, pero es tremendamente unitiva, une muchísimo. Una persona madura tiene que saber que uno empieza a querer a una mujer o a un hombre cuando se da cuenta de que esa persona tiene muchos defectos. Porque todos tenemos muchos defectos, y a pesar de eso yo voy a orientar mi vida en querer. Eso es querer. Lo otro, sentir. Y así se puede predecir la vida emocional de muchas personas, de la mayoría de las que salen en los programas del corazón: subidón, bajón, subidón, bajón (por no decir otras palabras más bastas) y ya está. Y en medio se deja algún niño, muuyyy querido, que te lo remarcan: es un niño muy querido. (Pues no lo quieras tanto, no vaya a ser que le hagas daño). Y ya está. Aquí no ha habido vida amorosa. Ha habido vida emocional. Y una persona que quiere tiene que saber que muchas veces tiene  que querer en contra de sus sentimientos. Para querer hay que remar a veces en contra los sentimientos. Y eso sucede en estos amores: Dios, pareja, trabajo.
(Ejemplo de la Madre Teresa, que iba contra sus sentimientos, que le costaba)
Y esto es normal. Y al que no le pasa, le pasará, y si no, es que no quiere. Es absolutamente normal. Y este querer en contra del sentimiento, cuando hay que hacerlo, es algo que no se debe compartir en el matrimonio. Me explico: todo aquello que desune, todo lo que no ayuda a querer no se comparte. Uno tiene que actuar y seguir funcionando como si tuviera unos sentimientos buenísimos. Y eso es querer. Cosa que, actualmente, no se llama así. Se llama hacer comedia y “yo, es que no puedo hacer comedia”. Cuánta gente se ha separado con la justificación de que “no puedo hacer comedia”. Pues, ¿para qué te has casado? Si en el cariño, en los amores, hay que hacer comedia muchas veces. ¿Cuántas veces, cuando tus hijos eran pequeñitos, te has puesto a hacer bobadas, a engañarles haciendo el payaso para que comieran? Y eso es hacer comedia. Y, ¿por qué lo hacías? Porque querías al niño. Claro. Y es que muchas veces hay que hacer comedia. Y a la hora de ligarte a tu mujer claro que has hecho comedia: “No, es que pasaba por aquí”… ¡llevabas allí desde anoche esperando a que ella pasase! Eso es comedia, pero es que querías. Pues igual. Una forma de querer es hacer comedia.
Cuando empecé a trabajar en estos temas, la justificación que se oía era: “yo no puedo perder el último tren de mi vida”. Luego uno veía el tren, y claro… Después se pasó a lo de la comedia. Me dio mucha pena una azafata, en un viaje de avión que iba justo en la fila detrás de mí y le decía a un piloto: “tú que ya tienes cinco hijos, deberías dejar ya de hacer comedia”. Mejor, me callo.
Y ahora ¿sabéis lo que se dice?, el desgaste. ¿Qué es lo que os pasa? Nada, el desgaste”. El desgaste es que no has peleado por querer. Aquí el desgaste es la falta de cariño que has tenido toda tu vida, porque has ido a lo tuyo. Ese es el desgaste. (Esto es conocido como el síndrome de Thomas, el desgaste directivo. Si tuviéramos un curso de varios días os lo podría demostrar, porque está muy estudiado). Y el final del siglo lo que toca es el solapamiento. Y así hay gente que, en su trabajo de 8 a 3, está a que pase el tiempo. ¿Objetivo fundamental?: que no me echen. Y luego hay una clase particular, entreno un equipo de baloncesto, soy el concejal de mi pueblo… Ahí, alma corazón y vida, ahí me entrego del todo. ¿Y qué pasa de 8 a 3? Que me ha tocado el sueldo de nescafé. Y entonces llega el solapamiento. Solapo mi trabajo, pero donde verdaderamente pongo el corazón es en las otras cosas. Y ¿por qué no pones el corazón de 8 a 3? Eso pasa en el solapamiento. Y esto sucede. El solapamiento hay que cuidarlo, para evitarlo. Porque el corazón se alimenta de los sentidos. Probablemente, el sentido de la vida de todos los que estáis aquí sea la fidelidad. En el momento en que no seáis fieles a vuestro sentido de la vida, como renunciéis a él, vais a perder la capacidad de ser fieles a todo. Si os dais cuenta, una persona tarda mucho es separarse la primera vez; menos la segunda, y la tercera. Desde el momento en que uno renuncia a su sentido de la vida es que ya no puede ser fiel, porque si no he sido fiel a aquello que yo me propuse ser en la vida, cómo voy a serlo a cosas secundarias. Me parece que esto es facilísimo de ver. No sé si de entender, pero de ver sí.
Ese sentido de la vida hay que custodiarlo, porque como he dicho antes, los sentimientos pueden fallar, con la mujer, con el marido, pero eso no quiere decir que estés muerto. Pueden funcionar con la secretaria, con la enfermera…, porque cuando ya no funcionan, te mueres. Si empiezan a fallar en un momento dado, porque eso nos pasa a todos, con quien te estás jugando el sentido de tu vida y empieza a funcionar con otro, y dices: “esto es que se ha terminado el amor”. No, no. Eso es que estás vivo, y tú tiene que procurar en tu vida, que no funcionen con otros. Así de claro. Por tanto, hay que poner medios. Recuerdo que, quizá el mejor consejo que me han dado en mi vida fue cuando entré en Glaxo. Me cogió un tío viejo (más de 60 años, cuando yo era un jovencillo) y me dijo: “¿oye, tú quieres salir indemne de aquí? Mira, vas a entrar en muchas reuniones internacionales, vas a hacer muchos viajes por ahí, vas a tener ocasión de tener cenas con gente…” (cosas que han sido totalmente verdad) “tú, cuando termines el trabajo y os vayáis a cenar, tú empieza a hablar de tu mujer y tus niños… ¡los espantas!” Así me dijo, y se fue. Y lo hice. La fidelidad exige también un esfuerzo. Hay que poner barreras. No se puede hablar de sentimientos con personas del otro sexo. “Yo es que como todos los días con fulanita, porque se acaba de separar y estoy consolándola.” ¿Y no hay psicólogos que puedan hacer eso? Luego terminan liados. Lo he visto veinte mil veces. Eso de consolar, en estos casos, no sirve de nada. Acompañar. “Yo en el coche siempre llevo a fulanito, que así no va en el autobús de la empresa, y me evito no sé qué rollos…” Que no, que no. Que en el coche no te llevas siempre a esa persona del otro sexo. Son cosas elementales, pero es que son así. Y cuando los compañeros saben que uno lo vive así ya está espantada el 90% de la gente, porque ya ni lo intentan. Yo viajo siempre con la senior de mi trabajo…; pues en esos casos se habla solo de trabajo, y si puede ser, viajas en distinto avión. Y luego, cuando se termina de trabajar, no te vas a cenar con ella. Dile que te vas a ver a tu primo, y aunque piense que tienes primos en todas las capitales europeas a las que viajáis, da igual. Pero es así, de verdad. Uno, cuando quiere conservar los amores, tiene que pelearlos. Y ahora mismo lo que está pasando es que no se pelean los amores. No se lucha por pelear. En el fondo, que no se quiere querer, lo que se quiere es sentir, y que en el momento en que pienso que puedo sentir un poquito más que no sé cuánto, empiezo a echarme para atrás. Y eso es lo que está haciendo de nuestra sociedad una de las sociedades más desgraciadas que se conocen actualmente. Porque en España cada 11 minutos hay un aborto y cada 4 una separación. En Estados Unidos, se hacen las preguntas de la vida, las que marcan a cada generación. Hace años, la pregunta era: ¿Dónde estabas tú cuando el desembarco de Normandía? Después, ¿Dónde estabas tú cuando el hombre llegó a la luna? Y nos acordamos: esa es la pregunta de mi generación. Pues la pregunta de la generación de ahora es: ¿dónde estabas tú cuando se separaron tus padres, cuando tus padres dejaron de quererse? Y tened en cuenta que el ser humano recibe cariño por el cariño que le tiene su padre, por el cariño que le tiene su madre, y por el cariño que se tienen sus padres entre sí. Esas son las tres vías de cariño que tiene el ser humano. Si deja de recibir cariño porque su padre, no sé qué, y luego porque hace lo posible porque el niño no quiera a su madre, o viceversa… nos encontramos con una generación que no se siente querida. Hay muchos chicos ahora que, la sensación que tienen, es que no los quiere nadie. Un niño así, no puede ser educado. Igual que una persona que puede rendir profesionalmente, si piensa que todos sus jefes le tienen manía, no rinde. Es el mismo caso, sólo que uno a nivel profesional y otro a nivel personal. Y como uno está casado, pero no vacunado, uno debe tener cuidado de estas cosas, procurar vivirlas: marcar el terreno, viajes de empresa, no reír las gracias, no hablar de sexualidad… No puedes hablar de sexualidad con la secretaria como el que lava. Y parece que el que no habla de sexualidad en una comida de empresa es que parece tonto, y es preciso ser fuertes. No hablo de esto porque no me da la gana, y se ha terminado el rollo. Donde más separaciones se inician es en las comidas de empresa (este año ha habido menos por la crisis), antes de Navidad, porque la gente va borracha, con lo cual,  todo es más fácil. Estas cosas hay que saberlas y hay que pelearlas. Es que estoy todos los días metido con las mismas niñas…, pues tú a esas niñas háblales de usted. Es que va a decir que soy del siglo XII, pues busca sabios del siglo XII que verás cómo te salen algunos. Nada nos tiene que importar lo que vayan a decir. ¿En cuántas comidas / cenas de empresa he estado yo, y de esa gente no he vuelto a ver a nadie? Y en ese momento te preocupas mucho de lo que va a pensar fulanito o fulanita, y no lo vas a ver en tu vida. Que diga lo que quiera. ¿Qué va a pensar? …estos españoles. Pero es que hay que poner los medios.
El compromiso. Decía Viktor Frankl, (psiquiatra vienés), que la sociedad del bienestar tenía dos efectos secundarios. El primero es el aumento de las enfermedades mentales en un 30% (antes, uno podía estar de los nervios. Ahora: si a tu alrededor no hay nadie deprimido, es que lo estás tú. Todo el mundo tiene psiquiatra de cabecera). Y el segundo efecto secundario que en la sociedad occidental mucha gente vive con una persona de la que no se fía. Pregunta a una mujer: Si tu marido se va a EEUU de viaje de negocios, ¿te fías de él? Depende de las situaciones en que se ponga. Pues si depende de las situaciones en que se ponga, que sepas que se va a poner.
Pero es que incluso de novios, ¡hay gente que no se fía! Voy a explicar muy rápido el porqué. En el noviazgo, es lo que tiene el noviazgo, uno ve la coherencia que tiene el otro. Esto se le explica a los directivos de empresa. Para ganar dinero, hay que poner todos los medios ¿Me entiendes? De lunes a viernes, tomas las decisiones con la cabeza, que son las que afectan al trabajo. De viernes a domingos, cuando hablas de educación de los hijos, y de otras cosas, haces lo que te da la gana. Las tomas con los sentimientos, o con lo que quieras. Pero, ¿de lunes a viernes?, que es donde están “las pelas”, hombre, ¡por Dios!, con la cabeza. ¿Me explico?
Hay gente que no se fía. Falla la coherencia entre lo que hago y lo que digo. Eso se empieza a ver en un noviazgo. Cuando se ve que el otro es coherente, porque lo que dice, lo hace, y eso es lo que voy buscando, hay una cierta confianza, y esa confianza va aumentando, y en la medida que aumenta hay un momento en que llegamos al compromiso. Porque los tres pasos son: coherencia, confianza, compromiso. Y eso era un noviazgo. Digo “era”, porque ahora mismo, gente que no se conoce, van a la cama, y se ha establecido el compromiso. Yo no puedo dejar a mi novio porque nos hemos acostado. ¡No puedo dejarlo! Y entonces, se ha establecido un compromiso sin saber la confianza que hay, sin saber la coherencia que hay, sin haber confianza, porque yo no le voy a contar mis secretos,…, pero ya hay compromiso. ¿Me explico? Y esto es lo que hay. Y no quiero meter a nadie en un lío… Ahora, hay que mirar hacia adelante, pero hay que saber el porqué de las cosas.
Ahora mismo hay que vivir el compromiso. Y es una de las cosas más desgastadas que hay en nuestra sociedad. La palabra “compromiso” no tiene prestigio. Nada más que el compromiso para ganar dinero. Por eso no hay amistad. Porque la gente hace amigos por intereses. Ahora, o te haces amigo desde pequeños en el colegio, o es dificilísimo hacer un amigo, porque no hay capacidad de comprometerse. Hasta las madres. No hace mucho estuve en una boda, y cuando terminó la fiesta, cuando aquello decaía, el novio fue a despedirse de su madre, a decirle “que nos vamos, ya te llamaremos…”, y ésta se le acerca para hablarle: -niño, te voy a decir una cosa (parecía que iba a hacerle el resumen de los treinta años, un consejo global): -quiero que sepas que, en casa, siempre tendrás una cama.
Pero esta mujer, ¡qué está diciendo! Si la novia llega a oír a la suegra, tienen el primer follón. No se lo dice “Perico de los palotes”, sino ¡su madre! Hijo mío, si te cuesta un poco, vente conmigo. Ahora bien, si es el trabajo lo que te cuesta, si es que el jefe me trata tan mal que tengo una úlcera, que es que me está haciendo coger una depresión, : - hijo mío, los trabajos son así. Es decir, los trabajos, hasta la enfermedad. Y en el matrimonio, ni una lucha. Y eso, ¡se lo dice la madre! Y se lo dice la madre, porque si deja el trabajo, es ella la que debe pagar la hipoteca (risas). ¿Me explico? Es que le estamos enseñando a la gente a no cumplir sus compromisos. En la educación de los niños. Invitan al niño por teléfono al cumpleaños, y pide permiso a su madre, que como disculpa para no ir le dice: di que no puedes, que está aquí la abuela (aunque no esté). Enseñamos a mentir a los niños, en función de lo que nos interesa, a no cumplir sus compromisos porque, a mí, me da pereza.
¿Por qué ese aumento de enfermedades al que se refería Víktor Frankl por falta de compromiso, por miedo a  comprometerse? Lo que ocurre cuando el ser humano no es capaz de comprometerse, es que no sabe para qué vive. Poco antes de morir, Víktor F afirmó que el 70 % de los americanos y el 40 % de los europeos, no saben para qué viven. Si una persona no sabe para qué vive, no tiene sentido de la vida, no sabe lo que quiere hacer,  ¿por qué ser fiel? ¿Por qué ir contra mis sentimientos? ¿Por qué seguir queriendo cuando el cuerpo me pide otra cosa? ¿Por qué, por qué…? Dale a la gente un porqué, y tendrá un cómo. Cuando das a la gente porqués, tiene cómo hacer las cosas. El único porqué que hay ahora mismo es el dinero. ¡Por qué vas a ganar dinero! Pues no te preocupes, que ya me las ingeniaré yo. Es más; estamos llegando a un momento en que si uno afirma “por mi mujer, que es lo que más quiero”, parece gilipollas. Uno puede decir: por mis hijos”; todavía está permitido, pero ¡por mi mujer! (el “pagafanta” este, ¿de dónde viene?)
Una de las manifestaciones e infidelidad más grandes que hay actualmente es la infidelidad emocional. Y por ahí se empieza. Y sobre todo en internet, el sexo, en internet. El sexo en internet está rompiendo muchos matrimonios. El hombre se excita con la vista. A base de ver cosas en internet, de buscar imágenes pornográficas, etc., etc., para tener excitación hay falta tener imágenes más brutas, imágenes más bestias para tener el mismo nivel de excitación. Llega un momento en que, como lo que excita es la novedad, cada vez tienen que ser cosas novedosas, porque los sentidos siguen la ley de los rendimientos decrecientes. Si tú tomas todos los días langosta, al cabo de uno días pedirás un platico de lentejas. Pues así los sentidos. Cada vez tienes que ver cosas, más, más, más…, para que haya algo de novedad y siga uno excitándose. Me explico perfectamente, ¿no? ¿Qué es lo que ocurre con internet? Que cuando uno va a tener relaciones con su mujer, ésta ya no es novedad, ya está vista… Entonces uno empieza a no pedir relaciones (esto está sucediendo a chavales de 30 años), y esto podéis preguntarlo a urólogos, a ginecólogos, y te dicen que es frecuente. Y la mujer empieza a decir “es que no me quieres”, porque no sabe lo que pasa, hasta que llega un momento en que hay que decirle la verdad.
A mí me ha llamado gente, y no me ha querido decir su nombre. Tengo una página web (jmcontreras.es) en la que pueden preguntar lo que quieran, puedo dar teléfonos de gente para que lo puedan tratar, etc. Pero en realidad no se vive igual, sobre todo porque hay una inseguridad, más en la mujer, pues piensa que está peleando con togas las “guay del Paraguay”… Internet está rompiendo muchos matrimonios. No es una cosa de niños, que el niño no mire tal o cual imagen. Que el niño no mire, ni tú tampoco mires, ni nadie mire. Porque si yo pongo una gota de aceite aquí, me mancha, y al niño también le mancha. No es que tú tengas un quitamanchas especial. ¿Me explico? Lo que ve el niño, no le hace bien, ¿verdad? Pues lo que no hace bien al niño, a ti tampoco. Así de claro.
Es que el amor hay que cuidarlo. Cada 11 minutos, un aborto; cada 4 minutos una separación. Si a ti te dijeran que cada 1 % del tiempo, sale de tu grifo agua no potable, probablemente en tu casa se bebería agua mineral. Y es el 1 %, ¡qué exageración, qué dices! ¿Y entonces por qué no cuidas todo esto, por qué no cuidamos todas estas cosas?
No digáis en las discusiones, nunca, nos separamos. Nunca. Tened en cuenta que los que se dice se clava en el corazón, se clava en el corazón. Y para quitar del corazón un sentimiento tiene que haber otro sentimiento, y de sentido contrario. Y si un día llego a casa y veo que mi mujer está “así, así”, le dices, vamos a tomar una cerveza y un pincho de tortilla, y ya he cenado.
Pero cuando se dicen cosas que son brutales, ¿cómo se quita luego eso de la cabeza? Muchas de las dificultades que hay en los matrimonios ¡que quieren juntarse!, es “con lo que nos hemos dicho”. Porque yo sé que ella no quería decirme eso, pero no soy capaz de sacarlo de la cabeza con un razonamiento., porque eso es un sentimiento que llevo en el corazón.
En una ocasión me dijo una persona: mira, esa es mi mujer, y estamos separados. Llevamos quince días viviendo otra vez juntos, para ver si podemos juntarnos. Y las gran dificultad que tenemos es “con lo que nos hemos dicho”. Y le voy a decir más: lo he pasado tan mal que he estado quince días durmiendo con una pistola debajo de la almohada, y no me he pegado un tiro ni por mis hijos ni por nadie, sino porque no he sido capaz. Después de las charlas se te acerca la gente y te cuenta historias: que es mi seguridad social, Murió por la empresa: esto es una verdad como un templo. La vida por la empresa. Murió en la empresa
Toda la gente se vuelve como la gente con la que conversa de modo habitual
La fidelidad emocional es si yo pudiera… Es la primera forma de no ser fiel. Una persona madura es aquella que cumple sus compromisos, sin vigilancia Por tanto, una persona madura en el  amor, es aquella que quiere sin necesidad de vigilancia. Cada vez se ve más inmadurez. A veces te cuentan que: es que estoy viendo su móvil ¿Cómo su móvil?
Un tiene que querer, porque tiene que querer, Tiene que procurar querer, no porque lo vigile nadie. Si eso, en vez de unirme me separa, no lo quiero. Eso es madurez. Dicen que no se sabe bien cuándo madura el hombre.
La persona que con todo el mundo quiere quedar bien, no es fiel ni fiable. El único que queda bien con todo el mundo es el que no tiene creencias. Y hay que saber distinguir las opiniones de las creencias. La opinión es lo que yo sostengo. Y la creencia es lo que me sostiene a mí. Por tanto, tengo que saber que cuando la vida se ponga mal, y eso es lo más educativo que existe, cuando la vida venga por dónde yo espero, tengo que saber qué es lo que me sostiene. Y cuando la vida en mi matrimonio venga como yo no espero, en el terreno emocional, en el terreno monetario, en el que sea, debo saber qué es lo que a mí me sostiene. Y uno tiene que potenciar esas cosas que le sostienen, y para ello lo que uno tiene que hacer es formarse. Una persona formada es aquella que quiere formarse más porque quiere mejorar como persona. Una persona no formada es aquella que cree que sabe lo suficiente. En los aspectos en los que pensemos que sabemos lo suficiente, probablemente ahí nos falte formación. Mucho ojo con los amores horizontales: Dios, familia, trabajo. En el trabajo ya se preocuparan, si estás en la empresa mediana,  de darte formación. Dios y familia, porque ahí, cuando uno cree que tiene formación de sobra, llega un momento en que se cae y ya no se levanta. ¿Por qué? Generalmente, por comodidad. Porque uno es capaz de ir una semana a Nueva York a hacer un curso porque a lo mejor me hacen jefe de sección de la planta tercera. Pero, dedicar una hora a intentar mejorar como persona… ¡hay fútbol! (y yo soy suscriptor de gol tv, y sé que el fútbol es importante, pero hay otras cosas que lo son más).
La paciencia está relacionada con el amor. La persona que se está quejando de que tiene mucha paciencia con el otro continuamente, además de deseducar a los hijos, no está siendo fiel; está aguantando. Y aguantar, no es ser fiel, es otra cosa. Es muy difícil ser fiel a algo o a alguien cuando uno lo ha sido al sentido de la vida.
En una discusión, lo más importante es quien pide perdón primero. Lo que más perjudica al ser humano es el encabezonamiento en no rectificar en las cosas de creencias y de amores. Todo lo que rectifiquemos, no hay que esperar a que el otro tome la iniciativa. No vale esperar a que empiece el otro. Hay matrimonios que están esperando a que empiece el otro, que empiece el otro…, ¡tú, cambia!, porque el amor llama al amor. Cuanto más quieras tú, más serás querido. La falta de amor que actualmente hay en la sociedad es porque nosotros no queremos. Hace unos días me decía un chaval: “mi padre, para una vez en la vida que me dice que me quiere. Va y me lo dice de cachondeo”. ¿Se entiende, verdad?
Y ahora, a mirar hacia adelante. Formación. El próximo curso de Orientación Familia, sobre la adolescencia: está en juego la felicidad de nuestros hijos. ¿A ti qué es lo que más te interesa en la vida? ¿La verdad de un ser humano? La vida está formada de tiempo. Cuando uno llega a determinada edad cae en la cuenta de que la vida está formada de tiempo y la gran decisión del hombre es a qué voy a dedicar ese tiempo. Y algunas veces lo dedicamos a lo que no queremos, porque un hombre que está enfermo, que está en el hospital, etc., ¿a qué voy a dedicar ese tiempo y qué intención le voy a dar a ese tiempo que tengo? Es que lo único que tenemos es tiempo, y cuando seamos mayores, aunque no queramos, vistos los resultados de nuestra vida –que los verás enseguida en tus hijos-…, ese es el resultado de tu vida. Y empieza uno a no meterse rollos: las justificaciones que valían cuando uno tiene 35 años ya empiezan a no valer, y empieza uno a decirse la verdad de la vida, la verdad de las cosas. ¿Por qué no nos damos cuenta un poquito antes? Y claro, uno asiste a medios de formación donde le pueden ayudar a ver esas cosas. He coincidido varias veces en América con uno que estuvo en los Andes. Hemos hablado mucho. Le pregunté si podía contar lo que os voy a decir. Me dijo: he superado todas mis cordilleras. Después de esto he sido alcohólico, he coqueteado con las drogas,… Lo único que no he superado en mi vida es que mis padres se separaron cuando tenía 15 años; tengo 50 y eso no lo he superado.
El ser humano tiene derechos y deberes. Nuestros deberes, son derechos de otro. Y un hijo tiene el derecho de ser educado, y el derecho de ser atendido, y el derecho de ser querido. Y es deber nuestro hacer eso. Y la generosidad humana se ve en dos factores: dinero y tiempo. En el aspecto familiar, y en el aspecto de Dios, en los amores, en definitiva, que importan en la vida, nos cuesta mucho más dar tiempo que dinero. Al niño ponle clase, guitarra, y yo me voy el sábado por la mañana a jugar al golf; porque le va a venir bien tocar la guitarra, ¿o no?


Opus Dei, Vigo