LIBRO SOBRE EL VENERABLE ÁLVARO DEL PORTILLO



"La vida de Don Álvaro era un sí total"

Javier Medina presentará el 4 de marzo en Madrid la última biografía de Don Álvaro, sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei. En un 19 de febrero, santo de todos los álvaros, el autor de "Álvaro del Portillo: un hombre fiel", destaca que su vida fue "un sí total", y destaca tanto su fe, como el cumplimiento amoroso de los compromisos diarios con Dios y con los demás de un Venerable con fama universal de santidad.
19 de febrero de 2013

Javier Medina, autor del libro
El 4 de marzo se presentará en el Colegio de Ingenieros de Caminos de Madrid "Álvaro del Portillo: un hombre fiel" (Rialp, 2012), la última biografía del sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer al frente del Opus Dei en la que se suceden las páginas de entusiasmo contagioso por la elocuente belleza de la entrega y de la santidad.
Las grandezas de una vida plena las escribe en negro sobre blanco Javier Medina Bayo (Bizkaia, 1950), sacerdote, doctor en Ciencias de la Educación y en Filosofía, y privilegiado testigo personal de los 24 últimos años de vida de Mons. Álvaro del Portillo.
Con el libro ya en la calle desde el pasado mes de octubre, y su protagonista declarado Venerable por Benedicto XVI, preparamos el evento de una presentación exclusiva en España hablando con su autor. Un 19 de febrero es un día oportuno para hablar de Don Álvaro, con su fama de santidad siempre como telón de fondo. Es una forma muy periodística de decirle: ¡muchas felicidades!

¿Quién es Don Álvaro del Portillo en la historia de la Iglesia?
Mons. Javier Echevarría, sucesor de Don Álvaro como Prelado del Opus Dei, ha afirmado en más de una ocasión que considera a Mons. del Portillo “un gigante en el firmamento eclesial” de la segunda mitad del siglo XX. 
Esta grandeza proviene, en primer lugar, de su fidelidad a Dios, que el PapaBenedicto XVI ha confirmado solemnemente el pasado 28 de junio, al conferirle el título de Venerable; es decir, al declarar solemnemente que Mons. del Portillo ha vivido en grado heroico todas las virtudes cristianas y goza de fama de santidad en la Iglesia. 
Son muchos los motivos por los que Don Álvaro ocupa un lugar destacado en la historia de la Iglesia contemporánea. Espero que algunos se vean con claridad en la biografía que he escrito.

¿Podría destacar algunos motivos?
Un sacerdote que con su palabra y, sobre todo, con su ejemplo, ha hecho mucho bien a millares de hombres y de mujeres de los cinco continentes. Un acérrimo defensor de la libertad de las personas. Un gran jurista y teólogo que ha ofrecido una contribución importante a la doctrina y al derecho de la Iglesia. Un sacerdote que daba paz a quienes le trataban.

¿Y qué supone don Álvaro del Portillo en la historia del Opus Dei?
Durante casi cuarenta años, hasta el 26 de junio de 1975, fue la ayuda más firme y el colaborador más próximo de San Josemaría; después, su sucesor fidelísimo al frente del Opus Dei, que se marcó como programa de gobierno la absoluta lealtad al espíritu que el Fundador había dejado no sólo escrito, sino esculpido, como le gustaba repetir. 
Pienso que la manifestación más importante de esa fidelidad fue la erección del Opus Dei como prelatura personal, concedida por Juan Pablo II el 28 de noviembre de 1982. Era la configuración canónica adecuada al carisma fundacional de la Obra, que el Fundador había dejado preparada, aunque no la pudo ver realizada en la tierra.

¿Cómo era de práctico su amor a la Iglesia y al Papa
A mi parecer, lo más “práctico” siempre es rezar por la Iglesia y por el Papa. Por eso, quienes más ayudan a la Iglesia y al Papa son los santos. Dicho esto, me conmueven de modo particular las manifestaciones de amor filial que Don Álvaro tenía con los Romanos Pontífices: actuaba siempre como un hijo que sólo desea dar alegrías a su padre.

¿Cuáles son las señas de identidad de su fama de santidad?
Don Álvaro buscó la santidad en el cumplimiento de sus deberes ordinarios: primero, como ingeniero; después, como sacerdote y como obispo. Eso sí, su cumplimiento era amoroso, fundado y alimentado por un trato intenso con la Trinidad, un gran amor a la Santísima Eucaristía y a los demás sacramentos, una tierna devoción a la Virgen. 
He subrayado que el “cumplimiento” de sus deberes era “amoroso”, porque –como nos explicó muchas veces– para un cristiano no es suficiente un simple “cumplir por cumplir”: si nos limitamos a eso, el cumplimiento termina pronto en un “cumplo y miento”. El cristiano debe hacerlo todo –aun lo que parezca más intrascendente– por amor a Dios y a los demás.

¿Qué supuso Don Álvaro en la vida y en la santidad de San Josemaría?
San Josemaría lo llamó saxum, “roca”: pienso que no es necesario añadir más.

Si San Josemaría es el santo de la vida ordinaria, Don Álvaro será...
...Otro santo de la vida ordinaria. Es el espíritu del Opus Dei. Además, añadiría –es una opinión completamente personal– que Don Álvaro constituye un ejemplo luminoso de fidelidad a la Iglesia y al Papa, a los compromisos cristianos de cada uno; a San Josemaría y a los fieles del Opus Dei; a sus amigos y parientes, y a sus colegas de trabajo. 

¿Qué ha sido lo que más le ha llamado la atención al conocer su vida con detalle?
Me ha impresionado mucho su fe: tenía una fe gigantesca. Por ejemplo: durante los 19 años que dirigió la Obra, se comenzó el trabajo apostólico estable en 20 nuevos países; impulsó iniciativas de gran alcance social –desde clínicas en países de África, Europa y América, a escuelas y universidades en los diversos continentes– y muchas otras labores todo tipo.
En 1983, ante las dificultades para comenzar la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, que eran innegables, comentó: “No podemos dejarnos llevar por la falsa objetividad, que lleva a descubrir las dificultades para sacar adelante un proyecto —la falta de medios económicos, la incomprensión de otras personas...—, y olvidar que en el otro platillo de la balanza está la gracia de Dios, que es más poderosa”. Esa era le fe de Don Álvaro.

Todos los hombres tenemos defectos. ¿Cuáles eran las luchas de don Álvaro y cómo las superaba?
Era una persona como nosotros, completamente normal. Imagino que, habitualmente, su lucha consistiría en el cumplimiento del pequeño deber de cada instante, porque es ahí donde nos espera Dios.

Don Álvaro o la fuerza del sí. Del sí, ¿a qué?
A Dios. Y por Dios, a la Iglesia, al Papa, al Opus Dei y a su Fundador, a todas las almas. Era un sí total.

 

Opus Dei, Vigo