VERDAD SOBRE EL ABORTO



ISABEL SAN SEBASTIÁN
El aborto ya estaba prohibido y castigado en el Código de Hammurabi, vigente 1.700 años antes de Jesucristo
ABC, Jueves, 18 de abril de 2013



NO sé qué prevalece en la brutal ofensiva desencadenada por el PSOE contra la reforma de la Ley del Aborto; si la mentira insidiosa, la ignorancia prácticamente carente de lagunas o sencillamente la amoralidad. Sea como fuere, esta campaña de la izquierda autodenominada «progresista» en favor de la liquidación indiscriminada e impune de seres indefensos constituye una manipulación propagandística digna de Goebbels.
Abre las hostilidades Elena Valenciano, amenazando con denunciar el concordato en protesta por una supuesta cesión repentina del PP a las exigencias de la iglesia católica. Hace abstracción la mano derecha de Rubalcaba de un hecho tan relevante como que el partido de Rajoy ganó las elecciones por mayoría absoluta con la promesa de derogar la actual legislación, promulgada por Zapatero sin previo aviso al electorado ni compromiso programático alguno, sin consenso parlamentario y con más de un millón de firmas en contra, en tiempos de esa ministra «ilustrada», hoy «enchufada» en la ONU con cargo a nuestros bolsillos, que definía al embrión como «una criatura viva pero no humana». Olvida igualmente la número dos de Ferraz, o probablemente desconoce, que el aborto ya estaba prohibido y castigado en el Código de Hammurabi, vigente entre los hititas 1.700 años antes de Jesucristo, así como en las normas imperantes entre babilonios, asirios, persas, hindúes o comunidades andinas precolombinas, por citar sólo algunos pueblos distintos y distantes geográfica y culturalmente. O sea, que mucho antes de que surgiera el Cristianismo y en lugares a los que esta religión no llegó hasta época muy reciente, las sociedades tendían a proteger la vida de los no nacidos como un bien en sí mismo, merecedor de la máxima tutela judicial al margen de dioses o iglesias. Dicho de otro modo; que no es preciso profesar una fe concreta ni creer en nada trascendente para considerar que la vida es algo sagrado.
Sorprende y repugna a partes iguales recordar a Rubalcaba invocando este principio para justificar la liberación del etarra De Juana Chaos, presuntamente en peligro de morir como consecuencia de una huelga de hambre, a la vez que rubricaba el «nihil obstat» de sus correligionarios a la eliminación de millones de inocentes sacrificados en el vientre de sus madres. ¿Dónde queda la coherencia? En el basurero de la conciencia. Pero a falta de honestidad intelectual recurren a la manipulación conceptual deshumanizando a la «criatura viva» destinada a la trituradora. Y el embrión humano, el proyecto de vida pleno, singular y único que condenan a la destrucción, se convierte, en virtud de un perverso truco dialéctico, en algo parecido a un grano, una excrecencia de su madre, un tumor susceptible de ser extirpado.
La ciencia ha demostrado ya fehacientemente que, desde el mismo momento de la concepción, el niño en gestación está dotado de una carga genética propia, diferente a la de la mujer que lo alberga en su seno. Lo que es tanto como decir que no es parte de su cuerpo ni puede por tanto ser despojado de sus derechos en beneficio de los de ella, que es exactamente lo que hizo el PSOE al convertir el aborto en un derecho de la mujer, borrando de un plumazo siglos de investigación y milenios de progreso.
Ahora acusa Soraya Rodríguez al PP de romper «las reglas del juego» por enmendar esta situación. Pues bien, la primera regla del juego es llamar a las cosas por su nombre: «liquidar», no «interrumpir». La segunda, asumir que nadie es dueño de la vida ajena. La tercera, no faltar a la verdad. Y la cuarta, en democracia, cumplir la palabra dada. Ya está tardando el PP en hacerlo.