Preguntas al Vicepostulador de la Causa

José Carlos Martín de la Hoz ha sido el Vicepostulador de la Causa de canonización de Álvaro del Portillo. En esta entrevista detalla algunos detalles de la personalidad y de la vida ejemplar del sucesor de 
san Josemaría.
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19 de Junio de 2014 Causa de canonización de Álvaro del Portillo

1. ¿Por qué Mons. Álvaro del Portillo es candidato a la beatificación? ¿Qué ha hecho?
De entre todos los millones de santos que hay en el cielo, el Espíritu Santo escoge algunos de ellos para ser propuestos como modelos e intercesores del Pueblo de Dios. El elemento determinante para la apertura de un Proceso de Canonización es una estable y extensa fama de santidad y de favores entre una porción significativa de los hombres. Con esa señal el Espíritu Santo está indicando que debe abrirse el Proceso para bien de la Iglesia y de las almas.
Es muy significativo cómo desde 1994 hasta la actualidad son muchas las personas de toda clase y condición que han tomado a Mons. Álvaro del Portillo como un modelo próximo de santidad y acuden a Dios, a través de su intercesión, para sus necesidades espirituales y materiales.
El Proceso de canonización concluyó con la firma del Santo Padre Benedicto XVI, el 29 de junio de 2013, del Decreto de Venerable por el que la Iglesia reconoce que D. Álvaro vivió las virtudes cristianas en grado heroico y puede ser propuesto como modelo de santidad a los cristianos. Desde el 5 de julio de 2014 con la firma del Santo Padre Francisco del Decreto del milagro ha quedado abierto el tiempo para prepararnos para la gracia de su beatificación.

2. ¿Cuál es su principal mensaje?
El próximo Beato nos enseña a los cristianos del siglo XXI que el primer regalo de la vida de oración es tener paz y dar paz. Mons. Álvaro del Portillo tenía paz en el alma, en su mirada y en su actuación, porque buscaba orar en todo momento; mientras celebraba la Santa Misa, mientras trabajaba, mientras escuchaba a una persona. Por eso quienes hemos tenido la oportunidad de escucharle o quienes lo ven en una grabación de video o en un audio, descubren la paz de Dios en su alma y reciben esa misma paz, pues D. Álvaro ayudaba a pasar del plano natural al sobrenatural.
Mons. Del Portillo durante toda su vida tuvo una mirada de compasión y de misericordia sobre los problemas y necesidades de las personas con las que trataba y de la sociedad en la que vivía. Especialmente en su período como Prelado del Opus Dei impulso multitud de iniciativas de carácter social y educativo en los cinco continentes.
Como persona conocedora de la Iglesia, por su trabajo en las diversas Congregaciones Romanas, por su tarea de gobierno del Opus Dei y por sus viajes por el mundo entero, era un hombre que vivió intensamente la comunión con el Santo Padre, los obispos y los sacerdotes, religiosos y religiosas, y las nuevas realidades eclesiales. Amaba y apreciaba todos los carismas que el espíritu Santo suscita en la Iglesia.
Finalmente, fue el primero sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei, y la persona que mejor supo asimilar y vivir ese mensaje entregado por Dios de vivir los quehaceres ordinarios como ámbito de la personal santificación y como desarrollo de un intenso apostolado personal.

3. Entre sus virtudes, ¿cuál destacaría?
Como la santidad es amar e imitar a Jesucristo, es lógico que la primera virtud de los santos sea la virtud de la caridad. La vida de D. Álvaro muestra una sencilla piedad y un amor constante a las almas, sin acepción de personas.
Era una persona muy trabajadora que se empeñaba en realizar con perfección sus tareas en presencia de Dios y estimulaba a los demás a trabajar mucho y bien, como atestiguan quienes han colaborado con él en las tareas de gobierno del Opus Dei y en las diversas Congregaciones Romanas donde colaboró.
Finalmente, siendo una persona de grandes dotes humanos e intelectuales, su fin no era brillar, sino servir a Dios y a las almas, mostrando una humildad práctica que podía apreciarse en su actuar.

4. ¿Cuál fue el papel de Mons. del Portillo en el Concilio Vaticano II y en general en la Santa Sede?
El Venerable Siervo de Dios puso sus talentos humanos, que eran muchos, al servicio de Dios y de la Iglesia. Además de ayudar al Fundador en el gobierno y expansión de la Obra, fue requerido por la Santa Sede para trabajar en diversos Dicasterios pontificios. El Beato Juan XXIII le nombró Perito del Concilio Vaticano II (1959-1965), y fue Secretario de la Comisión Conciliar del clero, desde la que contribuyó a la renovación espiritual de la Iglesia.
Pablo VI le encomendó diversas tareas en la Santa Sede: en la Comisión Pontificia para la Revisión del Código de Derecho Canónico (1963); en la Comisión Postconciliar sobre los Obispos (1966); etc. También durante el Pontificado de Juan Pablo II gozó de la confianza del Santo Padre.

5. ¿Tiene algo que decir Mons. Álvaro del Portillo a los no católicos?
El futuro Beato participó de algo tan querido para la Iglesia como es el ecumenismo, tanto en su trato personal como por sus trabajos en el Opus Dei y en la Santa Sede se esforzó por rezar y favorecer la unidad de los cristianos.
Asimismo con los agnósticos, ateos e incrédulos siempre tuvo un trato y una actitud de acogida y de sentida caridad, mostrando con su vida una gran coherencia entre fe y vida. Rezaba por la conversión de las almas y ofrecía, en el calor de su amistad, un camino para confiar en Dios y en la gracia de la fe.

6. Entre los miles de relatos de favores obtenidos gracias a la intercesión de Mons. del Portillo. ¿Hay algunos favores o gracias que le hayan llamado más la atención?
Lo primero que impresiona de los favores y gracias concedidos por Dios a través de la intercesión de D. Álvaro, es su número y variedad. Muestran la realidad del pueblo de Dios inmerso en las realidades temporales y necesitado, como sus conciudadanos de la ayuda del cielo para sus necesidades materiales y espirituales.
Por otra parte, destacaría la cercanía del futuro Beato y cómo acuden a Dios, a través de su intercesión, con gran confianza en Dios y en la ayuda de los santos, se trata de una constatación de una realidad tan querida en la Iglesia como es la comunión de los santos.
Finalmente, señalaría la abundancia de favores que atañen al mundo familiar: trato entre los esposos, necesidades de los hijos y, sobre todo, los problemas que la crisis económica están suscitando: paro laboral, hipotecas, falta de futuro para los jóvenes, etc.
José Carlos Martín de la Hoz
Vicepostulado de la Causa
Madrid, 29 de mayo de 2014


Opus Dei, Vigo