D. JOAQUÍN CALDEVILLA ESCRIBE

Descripción: http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif«¿Qué me falta todavía? Ser cristiano en el siglo XXI»: el Evangelio cercano y atractivoJoaquín Caldevilla (Baena, 1963) es un sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, licenciado en matemáticas informáticas y doctorado en Teología y Antropología en la Universidad de la Santa Cruz en Roma, con una tesis sobre el filósofo francés Gabriel Marcel. Después de trabajar muchos años con jóvenes, ha escrito un libro intentado acercar la fe a la generación actual. El libro, titulado ¿Qué me falta todavía? Ser cristiano en el siglo XXI se puede adquirir en formato eBook y en papel a través de Amazon. 

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15 septiembre 2015





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-¿Cómo nació el libro “¿Qué me falta todavía? Ser cristiano en el siglo XXI”?
- La idea surgió poco después de la muerte de Juan Pablo II, como fruto de una inquietud, un deseo y un sentimiento. La inquietud de ver a dos generaciones –la mía, de edad entre 30 y 55 años, y la siguiente– alejándose de Dios y de la Iglesia, por haber fallado la transmisión de la fe, debido en parte a fuertes cambios culturales, sociales y tecnológicos.

»El deseo de ofrecer a muchas personas jóvenes, y también mayores, una nueva “traducción” del cristianismo, fiel a su esencia y a la Tradición pero llena de frescura y modernidad, contribuyendo así a esa nueva evangelización de la que tanto nos hablaba san Juan Pablo Magno: nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión.

»Y el sentimiento de agradecimiento a un Papa –yo pertenezco a la “generación Juan Pablo II”, pues tenía 15 años cuando fue elegido– que logró devolver a la Iglesia su fuerza originaria e introducirla en un mundo moderno que parecía haberla expulsado de él para siempre. Fueron más de cinco años de trabajo, de muchas redacciones y revisiones, hasta llegar a la forma actual, publicada en enero de 2013; pero ha valido la pena, el resultado ha compensado el esfuerzo.

- ¿Qué tiene de novedad respecto a otros libros de contenido cristiano?
- La idea de fondo es ayudar a descubrir la estrecha conexión que existe entre todas las realidades de la vida y el mensaje cristiano, para ayudar a conseguir lo que san Josemaría llamaba la “unidad de vida”. Ésta es la razón de que en cada capítulo, además de una escena del Evangelio que sirve como punto de partida, y de citas escogidas de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI –desgraciadamente, el libro vio la luz unos meses antes de la elección de Francisco, por eso no aparece–, de Padres de la Iglesia y teólogos, se incluyan también ideas tomadas de novelas, escenas de películas y estrofas escogidas de poemas y canciones –reconozco que en ciertos casos arriesgando un poco–, pues permiten intuir rápidamente realidades profundas que resultaría largo y tedioso explicar con palabras: algunas tienen gran capacidad expresiva, y ayudan a pensar e incluso a dirigirse a Dios.

»Obviamente, no tienen el mismo valor que lo otro, pero todo contribuye, todo aporta. Además aparecen reflexiones de jóvenes estudiantes –que firman KAROL, como homenaje a Juan Pablo II–, varias de ellas muy profundas. Y no faltan relatos e historias interesantes (alguna de elaboración propia), además de abundantes testimonios impactantes, recogidos en agencias de noticias o diarios. Todo ello, bien combinado con reflexiones personales, logra mostrar una visión nueva de la fe cristiana y de sus consecuencias prácticas para la vida; y, con ello, dar respuestas a muchas de las dudas y preguntas que tantos y tantas se hacen cada día.

- ¿Cuál es su contenido?
- Consta de veinte capítulos, veinte temas básicos, cada uno apoyado en una escena de la vida de Jesús narrada en los Evangelios. Van dejando un poso, como el gotero va introduciendo el suero y los nutrientes en el cuerpo del enfermo por vía intravenosa, o como el agua va siendo absorbida por la planta mediante el riego por goteo: la suma de muchas gotas, en la dosis y en el momento preciso, produce resultados impresionantes… Además, al principio he colocado unos “avisos a navegantes”, para surcar con mayor aprovechamiento esas páginas.

- ¿A qué público va dirigido?
- Está escrito pensando en el arco de edades entre 18 y 55 años, aunque he comprobado que a bastantes personas entre 60 y 75 años, de mente abierta, también les ha gustado y ayudado: alguno me ha dicho que ha fotocopiado un capítulo para dárselo a un amigo, pues ha encontrado allí lo que él quería explicar y no sabía cómo. Pienso que ayuda a encontrar lo que muchos buscan tal vez sin saberlo, dando vueltas y un poco a ciegas.

»Yo disfruto cada vez que releo algún capítulo: es el libro que siempre deseé leer y nunca encontré. Ayuda a reflexionar sobre el Evangelio y la vida de Jesucristo de un modo más moderno, más acorde con la mente y las necesidades espirituales de una persona jovenque quiere conocer bien el mundo en que vive e influir en él con espíritu verdaderamente humano y, más aún, cristiano (no se oponen). Una persona que quizá tiene muchas ideas e inquietudes buenas, pero que no sabe muy bien cómo organizarlas y usarlas, y que necesita dar una unidad de sentido y de acción a su vida para poder “manejarla” bien.

- Explíquenos por qué se titula "¿Qué me falta todavía?"
- Siempre me ha cautivado la escena del joven rico, porque plantea muchas cosas importantes a la vez: el papel de unos padres coherentemente cristianos en la correcta maduración humana y espiritual de los hijos; la base de virtudes necesaria para construir una vida cristiana sólida; la importancia de enseñar el “arte de la oración”, de la relación personal con Jesús y con Dios Padre, a los niños y a los jóvenes; el sentido de toda mi vida y mi actividad como algo orientado hacia Dios; el peligro de convertir el cristianismo en unos mínimos que se cumplen en vez de unos máximos a los que se tiende; la visión profundamente positiva de la renuncia que se hace por el seguimiento de Jesús; la llamada y respuesta a una vocación específica desde muy joven…

»En fin, todo un conjunto de cosas que hacen de esa escena, tanto de las preguntas del joven como de las respuestas y gestos de Jesús, un compendio de cristianismo práctico. De hecho, en un primer momento pensé titularlo “Ven y sígueme. Ser cristiano en el siglo XXI”, pero tras sopesar diversas opciones y pedir opiniones me decanté por el título actual.

- ¿Qué difusión ha tenido el libro?
- Hasta ahora sólo relativa. Hay que tener en cuenta que su temática es netamente cristiana, y que se publicó en medio de la crisis, lo cual hizo muy difícil que las editoriales tradicionales se arriesgaran con un autor nuevo y desconocido del gran público. Por eso opté por hacer mi propia autoedición, y distribuirlo por medio de varias editoriales (Bubok, Amazon y Casa del Libro) en formato electrónico (ePub, PDF y Kindle) en internet; ahora también está disponible en papel en la nueva plataforma de impresión bajo demanda de Amazon (CreateSpace). Lo más emocionante tuvo lugar hace algo más de un año, cuandouna conocida plataforma católica me pidió dar un curso online en uno de sus foros sobre diez capítulos del libro. Se apuntaron algo más de siete mil personas. El libro se va difundiendo poco a poco, pues algunos se lo enseñan a sus amigos, y éstos a otros…

- ¿Ha pensado publicar algún otro libro?
- Tengo en mente y he reflexionado sobre varios proyectos: un comentario actual sobre algunas parábolas del Evangelio, o sobre algunas realidades y situaciones de la vida de un joven de hoy conectándolas con el Evangelio, o unir algunos temas del Catecismo de la Iglesia Católica con las preocupaciones del mundo actual… Pero de momento son sólo ideas, que habrá que valorar y estudiar con calma, pues requerirán tiempo y trabajo. En el fondo, todas responden a una única cosa: el deseo de transmitir el mensaje cristiano de modo que sea comprensible y atractivo para los hombres y mujeres que viven en un mundo muy distinto del que vivieron nuestros padres y abuelos: el mundo de internet y del WhatsApp, de la física cuántica y de la neurociencia.

»Y mover a una vida cristiana verdadera y coherente, no como algo que se acepta y se transmite sin más (la “fe del carbonero” de nuestros mayores), como un sistema cerrado de ideas o un “cocinado” de nociones abstractas –usando una feliz imagen del filósofo converso Gabriel Marcel–, que no resuelve en profundidad las cuestiones sobre la realidad y los problemas del mundo y del hombre moderno, y que no mueve al reconocimiento interior y al amor personal de ese Dios que es, al mismo tiempo, el Ser y la Verdad, con el que estamos llamados a unirnos en una comunión de vida, y del que todo otro ser y toda otra verdad no son más que imágenes y pálidos reflejos.

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