CARLO CAFFARRRA SOBRE EL MATRIMONIO II



El cardenal Caffarra habló en el Congreso Internacional convocado por INFOVATICANA y otros medios, donde invitó a los Padres Sinodales a permanecer en la Verdad de Cristo.
A continuación, el discurso que Cafarra leyó en la capital de Italia:
“Permanecer en la verdad de Cristo”
Angelicum de Roma, 30 septiembre 2015

Quisiera hacer algunas reflexiones de carácter teológico-moral, inspirándome en el Instrumentum Laboris por la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
1. La Posmodernidad desafía la Iglesia
Comienzo con una pregunta, ¿Cuál es el principal reto que el mundo occidental de hoy, lanza a la Iglesia católica con relación al matrimonio y a la familia? Me parece que solo podré expresarme, dentro de los siguientes términos: El matrimonio y la familia son constituciones puramente convencionales, de las cuales también se puede prescindir.
Este reto es el resultado de un largo proceso “de-construcción”, al final del cual todavía encontramos todas las piezas del edificio, pero sin el edificio. Me explico. Si se quiere destruir un edificio, hay dos formas de hacerlo: Destruirlo con una explosión, o desmontarlo pieza a pieza. La forma que escoge el matrimonio, es la segunda. Tenemos todas las categorías que lo definen (paternidad, maternidad…), pero se utilizan para construir matrimonios y familias, que son alternativas a la comprensión de la misma.
El matrimonio homosexual es la expresión más clara del reto del que estoy hablando, tomando la forma institucional (La sentencia de la Suprema Corte Federal EEUU, del 26 de junio). Es como si el mundo occidental retara a la Iglesia diciéndole: “¿Ves?, he construido un matrimonio que no tiene nada que ver con tu matrimonio”.
Existen otros retos que afectan a la Iglesia. Por ejemplo, no practicar la propuesta cristiana del matrimonio, la secularización de la misma introducción, en los ordenamientos del matrimonio civil, el cual es totalmente contrario al  matrimonio natural. Nunca se había visto un desafío tan radical.
Es absolutamente necesario que los pastores se pregunten sobre las causas de este acontecimiento. No es el momento de que haga un análisis preciso del proceso causal, que ha traído a la cultura occidental  a esta situación. Se trata de un proceso que no está formado por hechos individuales inconexos. Pero permítanme presentarles una hipótesis sobre el hecho espiritual que dio origen  al proceso: la persona humana ha roto la relación y el contacto con el “principio” y el “origen”.
La parábola del hijo pródigo nos ayuda a entenderlo, él deja la casa de su padre, y progresivamente, se va encontrando en condiciones pésimas, incluso tiene que robarle la comida a los cerdos. Se trata de la más clara narración de lo que he llamado “la rotura de la relación con el origen y el principio”. Cuando a Jesús se le preguntó acerca de las causas que justifican el divorcio, hizo una mirada al matrimonio en el pensamiento de Dios creador, que está inscrito en la naturaleza de la persona humana.
Rompiendo con el origen, el hombre y la mujer se encuentran frente al matrimonio, pero son incapaces de verse dentro de una verdad y un “bien donado”. La consecuencia lógica de este fracaso, lleva  a pensar que la institución del matrimonio podía ser “manipulada” según su medida. Me explico.
En la Sagrada Escritura, se habla al menos tres veces del “principio”. Al inicio del libro sagrado: “En el principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Gen 1, 1). Existe después una página maravillosa del libro de los Proverbios donde dice: “El Señor me ha creado al inicio de su vida, antes que el resto”. El hombre se creó desde el principio, antes que la tierra. El cuarto Evangelio comienza de la manera siguiente: “El principio fue el Verbo”.
Tras la comparación de estos tres textos, llegamos a una conclusión: todo lo que existe posee una inteligibilidad intrínseca que se mide con la palabra sabiduría. Ahora, lo que constituye la originalidad del hombre, ser único en el universo, es que es un participante en la luz del Evangelio. Esta participación a la luz divina del Verbo, es llamada por la mente del padre, el intelecto (que no es la razón), la chispa de Dios en el hombre. Esto tiene su origen en su morada, en la patria de su identidad a través de la participación a la luz de la palabra. Por lo tanto, existe algo más precioso en el hombre que su intelecto.
Rompiendo con esta relación original y originaria de la Palabra, no puede existir una verdad que no sea reducible a las opiniones y prospectivas individuales, las cuales no pueden juzgadas por cualquier criterio común. Nietzsche vio claramente, que negando a Dios, el concepto de verdad se quedaba obsoleto. El concepto de una verdad del matrimonio: la distinción entre el verdadero matrimonio (entre el hombre y la mujer) y el matrimonio falso (el matrimonio entre homosexuales), algo que se vuelve impensable.
La separación del origen, del Principio, es la “mentira principal”. (St. Grygiel), de la cual viene la mentira sobre el matrimonio y la familia, lo que nos impide ver la verdad y la propia bondad.
Concluyo este primer punto de mi reflexión.  He comenzado con una pregunta acerca de los retos a los que se enfrenta la Iglesia en el contexto del matrimonio y la familia. Mi respuesta, por lo tanto ha sido, que el matrimonio y la familia ha sido cuestionado por el propio hombre, que ha producido alternativas radicales a la propuesta original de la Iglesia, porque se separa del Principio (abiit in regionem longiquam: Lc 15,13). Algo que destaco, es lo que he llamado “mentira primordial” porque es aquello que impide distinguir la verdadera vida conyugal, la verdadera paternidad y maternidad, por el término falso del mismo.

 2. Factores de extracción: Abbit in regionem longiquam
Los factores que han construido este desafío son muchos, “intra-eclesiales” y “extra- eclesiales”. Dado que este no es un acontecimiento cultural único, sino que se trata de un proceso histórico, no es posible hacer una descripción completa. Me limitaré a estos dos factores, que sin duda han favorecido a la situación actual.
El primer factor sobre el que centramos nuestra atención es la progresiva separación de la naturaleza sacramental del matrimonio, de su constitución natural. Espero explicarme bien, ya que es un punto de importancia fundamental.
A pesar de que algunos teólogos (S. Roberto Bellamino y S. Lorenzo de Brindisi, por ejemplo), y canonistas pensaran lo contrario, al final de la teología del matrimonio desarrollado por G. Vesquez (1548-1604), terminó por imponerse, incluso a nivel de manuales de teología moral.
Según Vesquez, la naturaleza sacramental del matrimonio consiste exclusivamente en su capacidad para causar la gracia, porque los cónyugues pueden observar las obligaciones matrimoniales. Cualquier otro aspecto del signo sacramental, especialmente en orden al misterio Cristo- Iglesia, no tiene ninguna relevancia, en orden a la configuración ontológica-teológica y jurídica del matrimonio de los bautizados. No es más el principio arquitectónico y hermenéutico.
 Para hacer notar la fuerza destructora de esta visión, hago una breve comparación con Tomás y Buenaventura. Mientras que para los grandes doctores, el matrimonio natural ya es pre- figurativo de la unión, del misterio Cristo- Iglesia, encuentra su plenitud en el sacramento del matrimonio, según la querida dialéctica, da origen por lo tanto, a los padres: umbra- sacramentum- veritas. Para el teólogo de Alcalá, y después de él muchos teólogos y canonistas, no hay diferencia entre el matrimonio natural y el sacramento del matrimonio procesal. El carácter sacramental es una cualidad “super-adicta”: el don de la gracia para vivir el matrimonio es “jure naturae”. Tendremos que esperar a que la Iglesia vuelva de nuevo al enseñamiento tradicional, donde el matrimonio era considerado como el “sacramento primordial”.
La indisolubilidad del matrimonio por Vesquez, es un hecho del derecho natural exclusivamente. La exégis de Efesios 5, es muy interesante para comprender su pensamiento. Rompiendo con una interpretación dividida únicamente por lo exégetas de su tiempo, él piensa que la doctrina de San Pablo no implica que el vínculo conyugal sea de orden sobrenatural del mismo. El teólogo de Alcalá, admite por lo tanto, que existe una similitud entre el matrimonio y la unión de Cristo con la Iglesia, pero niega que esto tenga una fuerza transfigurante del vínculo en sí: lo deja en su propio ser sin participar en el misterio.
Se ha negado la existencia de una res et sacramentum. Esta consecuencia es también muy importante, incluso para los problemas actuales. Efectivamente, se disminuye el sacramento del matrimonio al don de la gracia dada, para observar una promesa: si se niega que hay una realidad sacramental que persiste más allá del matrimonio, el problema de la legitimidad del matrimonio de los divorciados vueltos a casar tienen soluciones simples. Se ha olvidado una promesa: ahora nos arrepentimos de haberlo hecho. No queda nada del “primer” matrimonio. 
No se admite, o no se piensa que se debe lidiar con una realidad (el vínculo conyugal) que continua siendo ontológico. La admisión de la Eucaristía a los divorciados vueltos a casar, niega el hecho de la ontología sacramental del matrimonio, y lógicamente reduce la indisolubilidad de una ley moral.
El matrimonio ha sido erradicado del misterio Cirsto- Iglesia, el cual no es más el principio constructivo del matrimonio en sí mismo. Por lo tanto, se separa del origen, se convierte en un negocio puramente humano – juris naturalis– se decía, al cual en el caso de los cristianos, se añade la gracia. El camino al exilio del matrimonio, ya se ha abierto.
Permítanme decir algo sobre el segundo factor catalizador del proceso, que a través del cual la cultura occidental de hoy en día, desafía a la Iglesia. Se trata de un factor que se entrelaza histórica y teóricamente al primero. Como ya he dicho, si el Misterio de la unión entre Cristo-Iglesia no forma el matrimonio, es inevitable que la indisolubilidad sea pensada  como una ley. Y es en este nivel donde entra en acción el segundo factor. Lo describiría brevemente del siguiente modo: la progresiva separación de la ley y de la verdad sobre el bien. Es un proceso que los historiadores de la teología moral y la ley han estudiado durante mucho tiempo. Por lo que ahora podemos beneficiarnos de los resultados obtenidos a partir de estas investigaciones históricas.
 Ha habido una gradual transformación semántica de “jus”, en el sentido de “justum quod est” (la verdad sobre el bien). Por lo que jus significa “jussum quod est” (el derecho/ley como un ejercicio del poder de Dios, o Principe , o de la soberanidad del pueblo).
Pero una semántica de tal transformación, ha tenido que hacerse con un dato original que parecía y parece oponerse, la libertad. Mientras que en la gran especulación cristiana, a la luz de San Pablo, el conflicto entre libertad y ley era coyuntural, debido a la concupiscencia (Agustín, Tomás Gregorio de Nissa), en el proceso que estamos estudiando, es estructural: la libertad y la ley son dos magnitudes inversamente proporcionales. La ley es un dato “externis data”. Se creía que el paradigma más apropiado para pensar en esta estructura antropológica, era la corte. Hay dos contenidos, la ley y la libertad. Por último, está la conciencia del individuo, que juzga en última instancia en qué medida debe aplicarse la ley.
Un signo de esta mutación en la teología: San Alfonso inicia su tratado sobre la conciencia, diciendo que es el más importante. Santo Tomas, sin embargo, dedica a este tema solo tres artículos.
Probamos ahora a entrar en la institución matrimonial dentro de los dos cónyugues. ¿Qué sucede? La indisolubilidad no es un don sacramental, un dato ontológico (res e sacramentum), pero es principalmente una ley sacramental. Posteriormente, se somete a un tratamiento judicial del que estábamos hablando, algo que en ciertas circunstancias bien definidas, puede alegar a la conciencia.
 Otra consecuencia entra en la región de la incertidumbre cada vez más radical: si el matrimonio es un evento puramente humano, ¿Quién decide lo que es o no es?
Especialmente revelador es lo que ha sucedido y está sucediendo, es el número 137 del Instrumentum Laboris: Un texto que contiene errores desde todos los puntos de vista.
Resumo este segundo punto: El “desafío” que  la posmodernidad lanza a la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, tiene sus raíces también en la teología de la Iglesia: a.) El oscurecer de la naturaleza sacramental permanente del estado matrimonial. b.) En la separación del bien y la verdad, levantando la conciencia ante el tribunal supremo.
3. La posmodernidad desafía a la Iglesia
Antes de comenzar este tercer y último capítulo, quisiera hacer una aclaración. En el párrafo anterior, no he sostenido que los dos factores que he mencionado, son las causas de la situación actual. Ya que se podría pensar que, al no haber hablado de la gran revolución antropológica, sea este el fundamento real del que germinó el reto de la post-modernidad a la Iglesia sobre el tema del matrimonio.
Pero no quisiera repetir lo que he estado escribiendo en los últimos años, y también últimamente. Solamente quería decir que en el contexto del matrimonio, la modernidad no ha encontrado una teología, un sujeto con el que comparar, sin embargó existe un catalizador que ha ayudado; la modernidad ha dado sus propios frutos matrimoniales. Por otra parte, los procesos históricos son siempre complejos, y por lo tanto es muy difícil hacer una autonomía.
Ahora el Sínodo es una gran oportunidad para una confrontación seria, con la robusta posmodernidad, no en general, pero sobre una experiencia humana fundamental: el matrimonio
 3.1 La iglesia no dialoga en primer lugar con la ideología, sino que lo hace con las personas de carne y hueso. Podemos decir que esta es una actitud correcta de la Iglesia, dialogar con las personas antes que con la ideología. Este Sínodo ha optado por poner su mirada en las personas heridas. No podía ser de otra manera, visto el enseñamiento y la conducta de Jesucristo.
Según esta elección, la bondad, la ternura y la paciencia deben ser bienvenidas. La pregunta más fundamental es la: ¿Cómo curar esas heridas? Jesús sintió compasión por lo enfermos, pero no se limitó a eso, también los curó.
Y aquí nos planteamos algunas preguntas a las que es necesario responder con claridad.
¿Cuáles son los criterios de evaluación para discernir la condición de persona? Dado que existe una gran brecha entre las costumbres sociales y la doctrina de la Iglesia, esta elabora criterios de discernimiento de la sociología. Pero el triunfo de la sociología sobre la teología, marca la derrota de la propuesta cristiana.
Afirmar que los criterios de discernimiento deben ser tomados de la misericordia, es falso y peligroso. La misericordia denota una actitud general, que mueve los diversos actos de sanación, que sin embargo, tienen su propia consistencia dependiendo de la enfermedad. Me explico. La caridad, cuya misericordia es una dimensión esencial, es “dar forma” de toda virtud non essentialiter [la justicia no es la caridad; la fe no es la caridad] pero efectiva en cuanto a intención, dirige y alimenta el ejercicio de cada virtud [ver. 2.2, Q.23, A.8, a 1um].
Por lo tanto los criterios de discernimiento,  hay que buscarlos en la propuesta cristiana del matrimonio.
El deber más urgente de la Iglesia de hoy, es proclamar el Evangelio del matrimonio y de la familia y darle un nuevo impulso: me gustaría ver algo bueno, como fruto del Sínodo, la promulgación de un Catecismo papal del matrimonio y la familia, para toda la Iglesia.
Pero ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la propuesta cristiana?  No es un ideal, pero es la búsqueda de la verdad del matrimonio y la familia. No es una ley, es una gracia que viene dada  junto al sacramento.
3.2 La ideología, el “pensamiento del tiempo” no puede ser ignorada, ya que es la que transmite “el virus”. Dispone de muchos y poderosos medios de comunicación; No resulta  raro si se transforma en “ángel de luz”.
El apóstol Pablo es muy claro: “No os conforméis con la mentalidad este siglo, sino tranformaos mediante la renovación de vuestra mente” [Rm 12: 7]. La primera transformación en Cristo, el primer paso vital hacia la apropiación del misterio de Cristo es la “renovación de la mente”. Algo que no es posible sin un abandono total del “comportamiento del mundo.” Y Pablo sabía bien cuál era la forma de pensar sobre el matrimonio en su tiempo.
De esta manera, el apóstol nos enseña que a menos que se produzca esta conversión-renovación de la mente, no seremos capaces de discernir. La ideología debe ser combatida a nivel del pensamiento. La deslegitimación de un fuerte compromiso cultural dentro de los temas de la familia y el matrimonio sería devastador para la pastoral de la Iglesia.
3.3 Por último, deseo llamar su atención sobre otro punto muy importante. La “estrategia” para buscar el bien que está en la alternativa al matrimonio, es lo que nos propone la postmodernidad, algo es teóricamente errónea y sin sentido pastoral.
 Aclaro que no estoy hablando de personas, sino de estados de vida, uniones de hecho; El matrimonio civil (que se distingue cuidadosamente del matrimonio natural), uniones homosexuales, etc.). Pueden ser buenas personas, pero no están unido ante los ojos de Dios. Cada una de estas personas, niega la misma naturaleza del matrimonio. Así que hablar de un matrimonio verdadero, no es correcto.
Todo esto es propio de la ideología posmoderna: la opinión en lugar de la verdad; la emoción en lugar del amor; y  la libertad como una mera posibilidad. La Iglesia está llamada a acoger con misericordia a las personas, pero no la ideología.
Concluyo. La Iglesia también lanza al mundo su propio reto: Dios da al hombre la capacidad de amar, con un amor que se basa en la mutua entrega. El reto es: “El hombre y la mujer han recibido de Dios el don de la vida matrimonial, que responde adecuadamente al deseo del corazón. “
¿Cómo se lanza este reto? Con aquellas parejas casadas que viven la verdad del estado conyugal. Prius vida doctrina quam: la vida ducit enim a scientiam veritatis [S. Thomas A., Súper Evangelium Matthaei Sancti Lectura y. Marietti, N ° 458].


Opus dei, Vigo