SOBRE EL VALOR DE LA VIDA



Precisiones del Arzobispado sobre la defensa de la vida

3 OCT , 2015




El Arzobispado de Santiago de Compostela estima necesario realizar algunas precisiones al respecto de la situación creada por la hospitalización de la pequeña Andrea en el CHUS, tanto para contribuir a iluminar las decisiones que se puedan adoptar sobre la paciente, como para recordar la postura de la Iglesia sobre la defensa integral de la vida y el derecho a una muerte digna.
1.- A través de sus capellanes en el Hospital Clínico, el Arzobispado ha ofrecido a los padres de la pequeña Andrea toda su ayuda espiritual, cercanía y oración, como también lo ha hecho en distintos pronunciamientos públicos el arzobispo, monseñor Julián Barrio. El trabajo desarrollado por los capellanes constituye un testimonio del compromiso de la Iglesia por atender en sus necesidades espirituales a todos los pacientes que solicitan su asistencia.
2.- Comprendiendo que los padres de Andrea atraviesan un doloroso trance, y sin pretender enjuiciar la situación clínica de la pequeña, que depende del criterio médico de los profesionales sanitarios que la atienden, y cuya profesionalidad y responsabilidad merecen toda consideración, el Arzobispado de Santiago reafirma que la defensa de la vida humana desde su origen hasta su muerte natural es un principio irrenunciable de la Iglesia.
3.- Estos principios han sido reiterados recientemente por el Secretario de la Conferencia Episcopal Española y por el propio arzobispo de Santiago. Se insiste por parte del magisterio eclesial en el respeto especial y en la atención de aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada para que lleven una vida tan normal como sea posible. “La vida es un valor sagrado e intangible”.
4.- La vida, don de Dios, es siempre digna de ser vivida en cualquiera de las circunstancias. Hay que amar, respetar y proteger siempre, de todas las formas posibles, la dignidad de los enfermos incurables o agonizantes, ya sean niños, jóvenes, adultos o ancianos. La eutanasia directa con el fin de eliminar cualquier dolor es moralmente inaceptable. “Una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo y creador”, subraya  el Catecismo de la Iglesia Católica. “La verdadera compasión hace solidarios con el dolor de los demás y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar”.
5.- La Congregación para la Doctrina de la Fe daba estas respuestas a preguntas que le fueron hechas: ¿Es moralmente obligatorio suministrar alimento y agua (por vías naturales o artificiales) al paciente en “estado vegetativo”, a menos que estos alimentos no puedan ser asimilados por el cuerpo del paciente o no se le puedan suministrar sin causar una notable molestia física?
Sí. Suministrar alimento y agua, incluso por vía artificial, es, en principio, un medio ordinario y proporcionado para la conservación de la vida. Por lo tanto es obligatorio en la medida y mientras se demuestre que cumple su propia finalidad, que consiste en procurar la hidratación y la nutrición del paciente. De ese modo se evita el sufrimiento y la muerte derivados de la inanición y la deshidratación.
¿Si la nutrición y la hidratación se suministran por vías artificiales a un paciente en “estado vegetativo permanente”, pueden ser interrumpidos cuando los médicos competentes juzgan con certeza moral que el paciente jamás recuperará la consciencia?
No. Un paciente en “estado vegetativo permanente” es una persona, con su dignidad humana fundamental, por lo cual se le deben los cuidados ordinarios y proporcionados que incluyen, en principio, la suministración de agua y alimentos, incluso por vías artificiales.
6.- Una muerte verdaderamente digna, por otra parte, está bien lejos tanto de la eutanasia directa como del llamado “encarnizamiento terapéutico”. Con esta denominación, o la de “ensañamiento terapéutico” -que acaso sean menos acertadas que la de “obstinación terapéutica”, que refleja mejor la intención con que se practica -, se quiere designar la actitud del médico que, ante la certeza moral que le dan sus conocimientos de que las curas o los remedios de cualquier naturaleza ya no proporcionan beneficio al enfermo y sólo sirven para prolongar su agonía inútilmente, se obstina en continuar el tratamiento y no deja que la naturaleza siga su curso.
7.- El arzobispo de Santiago y la Iglesia diocesana rezan para que sean estos los principios que inspiren la actuación de quienes están llamados a adoptar decisiones sobre el estado de la pequeña Andrea o de tantas otras personas que se encuentren en las mismas circunstancias. La Iglesia compostelana ofrece sus manos tendidas desde la fe en el Dios de la vida para acompañar en su dolor y sufrimiento a quien solicite su asistencia, mostrando su cercanía y afecto a sus familias y a los médicos que diligentemente les atienden.