UNA INTERESANTE OPINIÓN



Charo Sádaba: «La tecnología solventa una necesidad básica de los jóvenes: la socialización»
«A veces los adultos abusamos del discurso del riesgo, como en el cuento de Pedro y el lobo», reflexiona la investigadora de redes sociales
29/03/2017 .La Voz de Galicia



Charo Sádaba es vicedecana de Investigación y Posgrado en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, además de investigadora y consultora de redes sociales y tecnología. Este viernes y sábado estará en Galicia para participar en el congreso de Fepace -las asociaciones de padres y madres de los colegios de Fomento en España- que en esta edición tratará dePadres analógicos, hijos digitales. Sádaba animará a los participantes a que la tecnología no se convierta en un abismo entre unos y otros.

-Un juzgado absolvió a una mujer que le quitó el móvil a su hija de 15 años para que estudiase y ella la denunció. ¿Qué le sorprende más, la sentencia o que la hija denunciase a su madre por eso?
-Tal vez que fuese admitida a trámite la demanda. Porque yo puedo entender, aunque no justifico, la decisión de la chica. Creo que la tecnología solventa hoy una necesidad que para los adolescentes es tan básica como respirar, y la satisface de una manera primordial: la socialización. Ahí el móvil juega un papel clave y en ese escenario dejar el móvil puede arruinar tu reputación y desconectarte del resto. Otra necesidad que satisface es la del entretenimiento, básica también para el adolescente, sobre todo ahora que triunfa la diversión bajo demanda. Con la mente adicta de un joven, es normal que piense que si le quitas el móvil le estás arruinando la vida. En el caso de la demanda en el juzgado, también es cierto que puede justificarse con la burocracia, y con ese exceso de protección del menor que a veces tenemos como sociedad, en la que lo habitual es culpar al adulto.

-¿Está enferma nuestra sociedad?
-No creo que tanto, la verdad, pero sí con poca orientación. No tenemos todavía las ideas claras porque estamos en la fase de desbordamiento de algo nuevo.

-Habla de concienciar a los jóvenes de los riesgos de Internet pero, ¿se consigue algo? Porque ellos no los asumen.
-No es que no se los crean, es que creen que a ellos no les va a pasar, que están seguros. Lo cierto es que la tecnología nos da sensación de control, por ejemplo, con las opciones restrictivas que tienen las aplicaciones. Por supuesto que en su caso tiene que ver con que los jóvenes no son buenos con las luces largas, no ven a largo plazo. Pero creo que a veces los adultos también abusamos del discurso del riesgo, como si fuese el cuento de Pedro y el lobo.

-Frente al miedo, propone darles la opción de hacer oír su voz, de organizar algo que influya en su entorno. ¿Cree que la sociedad en general y los colegios en particular fomentan esto?
-Percibo que la tecnología ayuda a que se fomenten cambios en el sistema educativo, pero el nuestro sigue siendo todavía muy protector con los niños en tanto los hace sujetos pasivos. También es cierto que muchos profesores llegan al aula y se aferran a lo que conocen. Es normal, pero creo que eso está cambiando y este movimiento no es solo tecnológico, que tampoco sería suficiente, sino metodológico. Una vez que se abre la puerta, entran muchos recursos diferentes.

-¿Cómo les decimos a nuestros hijos que no usen el móvil si nosotros no nos despegamos de él?
-La llegada de la tecnología no ha cambiado los fines de la educación, aunque sí el modo. Pero en cualquier caso el ejemplo sigue teniendo un papel clave en la educación. Es como cruzar en los pasos de cebra: si nosotros no lo hacemos, ellos se darán cuenta y no lo harán.

-¿Qué consejos daría a unos padres sobre el binomio hijos y tecnología?
-Cada vez hay menos reglas generales y más una respuesta particular. Tampoco me atrevo a llamarlos consejos. Digamos que son ideas que se pueden adaptar. Por ejemplo, creo que el móvil no debería ser un regalo para nuestro hijo porque un regalo no tiene condiciones, y con la tecnología sí debemos ponerlas. No se puede regalar un teléfono y que las normas lleguen a las dos semanas. Lo más importante, creo, es que sea consciente de lo que cuesta un móvil, el aparato, sus tarifas, sus arreglos... y fijar unas normas. Algunos padres piden a sus hijos que sean ellos las que las marquen y ¡los hijos son justos e incluso estrictos! Claro que si en la casa no hay normas para nada, no tiene sentido ponérselas a la tecnología. Y después, los padres tienen que perderle el miedo y ser interlocutores de confianza: si nuestro hijo nos dice «mira qué he visto» ante una imagen o texto poco adecuado, no podemos responderle con un «no vuelves a mirar Internet»; así solo conseguiremos que no nos vuelva a contar nada. Les diría que se hiciesen aliados de la tecnología, que les permitiesen a sus hijos encontrar cosas que les interesen, porque podemos fomentar aficiones que acaben definiendo el futuro de nuestros hijos.


Opus Dei, Vigo