HADJADJ EN DEFENSA DE LA FAMILIA


La propuesta del filósofo converso Fabrice Hadjadj, con 8 hijos:
«Hagamos cosas juntos, en familia»
«Antes, en tu casa, contabas lo que hacías;
hoy ni hablamos, ni estamos ante la misma pantalla»
Fabrice Hadjadj es una de las voces intelectuales más contundentes
y proféticas entre los cristianos hoy
ReL 15 diciembre 2018

El filósofo Fabrice Hadjadj es una de las grandes voces cristianas de hoy. En un mundo que se está construyendo con mucho marketing y mucha virtualidad, pero sin alma, predica la belleza de lo no controlado y, muy especialmente, del cuerpo, de la familia y de Dios. A él se le van las cosas de las manos continuamente, y no está mal que sea así, afirma. 
En una entrevista en 2016 explicaba cómo "se le fueron las cosas de las manos" cuando era incrédulo y empezó a leer la Biblia en 1998 para burlarse de ella. Él, educado en una familia de extrema izquierda de origen judío, donde había adoptado un ateísmo anarquista, encontraba en la Biblia más autocrítica y exigencia que en los profetas dela modernidad. Él, que de joven se planteó no tener hijos, tiene hoy 8 chavales alborotando, fuente de caos y alegría.

La conversión del filósofo, con la Biblia
«De familia judía, bastante marxista en ese periodo, me esforcé por ser ateo… de buena fe. Es decir, que yo creía tener la última palabra sobre la realidad, mientras que es evidente que sólo tenemos la penúltima, visto el misterio que nos rodea. De alguna manera, mi ateísmo era el último ídolo que sólo un martillo trascendental podía romper. Había empezado a leer la Biblia para burlarme. Y mira por dónde, al llegar a los textos de los profetas, me di cuenta de que la crítica de la religión era interna a esta religión bíblica, y que Isaías o Jesús iban mucho más lejos que Marx y Nietzsche (de los que, sin embargo, no he renegado, porque mi fe es católica, lo que quiere decir que es «integradora», que es lo contrario de integrista)».
«Y luego, un día, en Saint-Séverin, recé por mi padre enfermo ante una estatua de la Virgen, de la que me había burlado la antevíspera. ¡Vale! No hubo una gran iluminación. Simplemente tuve la íntima certeza de que la oración, este tormento que iba de abajo arriba, era la esencia de la palabra y la finalidad de nuestra posición erguida: llevar en nuestra palabra todas las cosas finitas para presentarlas al Infinito… Tras lo cual, el recorrido fue el del combatiente hasta el bautismo, en la abadía benedictina de Solesmes. Y esta improbable fecundidad… no estoy hablando de mis libros sino de mi mujer, profesora de teatro, y de nuestros siete hijos, profesores de vitalidad… »
En noviembre, durante el congreso de Mayo del 68 de la Universidad Francisco de Vitoria, conversó con Isabel Molina, la directora de la revista Misión, de difusión gratuita (clic aquí para recibirla gratis en casa en papel). Insistió en la importancia de la fe para mantenernos humanos en una sociedad que cada vez nos deshumaniza más.

"Tiempo difíciles, pero siempre ha sido así"
"Nuestros tiempos son difíciles y dramáticos, pero nada originales. Desde los principios, el mundo ha sido así", declara en Misión. "La Biblia habla del pecado original y el Evangelio no anula el drama, lo exacerba y lo cumple: el Verbo se hizo carne y no es reconocido por los suyos; es crucificado. Incluso la Resurrección tiene lugar entre la incomprensión y el martirio de los discípulos. Afortunadamente, no estamos en una situación cómoda".
¿Afortunadamente? "La cultura consumista, del confort, nos hace rechazar los tiempos dramáticos. Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que queremos abolir el drama, nos gustaría encontrar recetas para todo. Por ejemplo, el transhumanismo o la idea del sexo seguro son maneras de querer salir del drama. Sin embargo, el cristianismo no nos saca del drama: nos mete en él, iluminándolo desde dentro".

"Ya no creemos en el progreso... y eso nos inquieta"
"Lo que caracteriza nuestra época es que ya no creemos en el progreso humano y moral, sino solo en la posibilidad de una mutación tecnológica. Esto crea una confusión enorme en todo el mundo, no solo en los cristianos. Si me apuras, los cristianos tendrían que ser los menos desconcertados, porque saben que el tiempo está contado", advierte.
"Hay algo profundamente apocalíptico en esta época. Cuando se oye esta palabra pensamos en catástrofe y destrucción, pero apocalipsis quiere decir revelación. La catástrofe puede ser también reveladora. Hay un concepto interesante en francés: el despojo (dépouillement), por el que se te quitan las cosas, pero hace que aparezca el cuerpo desnudo. Hemos llegado a una época de tal desnudez de lo humano que nos hace ver la necesidad de creer en el Dios hecho hombre para seguir existiendo. Cada vez va a hacer más falta creer en ese Dios que ha creado y salvado lo humano a pesar de sus miserias. La urgencia de la fe se hace patente. Ya no se trata de tener fe para acercarse a Dios, sino para seguir siendo humanos", profetiza.

La sexualidad es un misterio sagrado, no carne para manosear
Isabel Molina comenta al filósofo, autor de La mística de los sexos, que "hoy la sexualidad es manoseada…"
"La sexualidad es un misterio y, por tanto, está en el lado de las cosas que hay que respetar como misterio, como don original. Si manipulamos la sexualidad, si pretendemos entrar en un mundo postsexual, iremos hacia la pérdida de la transcendencia. Entramos en un paradigma tecnocrático", advierte. 
"La llamada liberación sexual no ha liberado en nada a la sexualidad: ha querido liberarse de la sexualidad, pero, en realidad, se ha sometido a la tecnocracia: ya no hay más que un cuerpo que se convierte en medio de placer o en inversión a rentabilizar", añade. 
"Al tocar el sexo, se toca la imagen de Dios. Hay un misterio trinitario en la sexualidad: varón y mujer son creados a imagen de la Trinidad. Pero ha habido una espiritualidad cristiana angelista que no consideraba la carne como algo espiritual; era clerical o monástica, y perdía de vista la espiritualidad laical y conyugal. El sexo es un lugar dramático que no llegamos a controlar. El problema es que los cristianos han olvidado esto y han caído en el moralismo, que es una cultura de la muerte por sí mismo".
Así, por ejemplo, en la antigua sociedad burguesa bienpensante, que quería un control absoluto, "la idea de rechazar a las madres solteras es parte de la cultura de la muerte. En lugar de maravillarnos por un nacimiento, nos ponemos en el lado de las convenciones mundanas".

La familia es bella, pero no un oasis de paz: tiene lucha
            "Hablamos de la familia como de un oasis en la sociedad. Y no es un oasis. La familia es también un ruedo, un lugar de tensión y conflicto. El mismo Cristo dice que habrá división en el seno de la familia. Y en la vida familiar en la Biblia se descubre la miseria y, por tanto, es un lugar que exige la misericordia. Es el lugar del don y del perdón. Si los cristianos quieren defender la familia presentándola como refugio sentimental, están debilitándola. Y esto es un problema. Cuando decimos que la familia es el lugar del amor, que la relación del hombre y la mujer y de los padres con los hijos es maravillosa, la familia se debilita, porque también es un lugar de disputas fuertes entre hermanos, padres e hijos. En la familia somos capaces de gritarnos como nunca haríamos con un desconocido. Y hay que reconocer que es normal que haya conflictos en la familia".

Frente a la tecnología, hacer cosas juntos en familia
            "En los 50, Günther Anders decía que la televisión había destruido la mesa familiar. Antes se hablaba alrededor de la mesa, y a veces no se hablaba, pero estábamos a su alrededor. Tampoco hay que idealizar la situación anterior, porque si la televisión fue capaz de suplantarla es que no era ideal. El diálogo en familia es siempre difícil. Pero antes había que contar lo que se había hecho en el día. Ya no sabemos hablar entre nosotros y ni siquiera estamos frente a la misma pantalla. Vivimos bajo el mismo techo en un divorcio familiar. No hacemos nada juntos".
            La respuesta del filósofo es, precisamente, el hacer cosas juntos, en familia. "Jugar, cocinar, leer, cultivar un huerto, fabricar cosas… La pregunta entonces es qué hacemos para estar juntos. [...] Escuchamos música, cocinamos juntos, pero es también un combate. Tengo una hija a la que no hemos dado móvil, pero una amiga se lo ha regalado. En casa no tenemos wifi y, sin embargo, el iPhone ha terminado entrando. Incluso en los colegios hace falta estar en un grupo de WhatsApp, y hasta los profesores lo exigen…" 
            "Mis hijas me piden el móvil para hacer trabajos con sus compañeros y solo se comunican por WhatsApp, no llegan a llamarse. Es un combate real, pero hay que hablarlo con los hijos, porque los jóvenes son cada vez más conscientes del problema; saben que son dependientes. Mi hija de 15 años me escribió una carta por mi cumpleaños donde me decía: “Gracias, papá, porque sé que sin ti sería una geek y tú me llevas hacia las cosas buenas”.

¡San José trabajaba en casa, no desaparecía en la oficina!
            "La vida de Nazaret es una vida ejemplar, pero es una vida de trabajo en común. José no se va a la oficina", explica el filósofo cuando le preguntan por la Navidad y la familia de Nazaret. "El problema hoy en casa no es que la mujer no esté, sino que el hombre está en la oficina, como si fuera normal que siempre trabajemos fuera de casa. En la Sagrada Familia vemos que Jesús trabaja con su padre. Por tanto, la Sagrada Familia no es solo un lugar de afecto. Cuando vamos al exterior a combatir, volvemos a casa, a nuestro refugio, y de nuevo encontramos conflictos. Entonces pensamos: “Madre mía, esto no es posible; tengo que irme de casa”. No se trata solo de trabajar desde casa, se trata también de trabajar juntos para la casa. Cuando decimos que trabajamos desde casa es porque la oficina ha invadido el hogar, y la situación típica que encontramos es al empleado que responde a sus correos de trabajo en el lecho conyugal y consume pornografía en su oficina. Y hace las dos cosas con el mismo aparato. Esto es lo realmente sorprendente".

"Virilidad es capacidad de dominar las pasiones"
            "¿A qué se refiere usted cuando dice que los cristianos se han afeminado?", le preguntan.
            "Tal vez he querido decir que han perdido virilidad, pero que también han perdido feminidad. Si lo femenino excluye a lo masculino, ya no es femenino, es histérico. Y si lo masculino excluye lo femenino, se vuelve fálico. Existen dimensiones que se han perdido. Uno de los signos es la crisis en el clero. Hay una pérdida de la virilidad sacerdotal, no solo para no caer en la homosexualidad o en la pedofilia. Virilidad es también capacidad de dominar las pasiones. Casanova no es viril porque ve una mujer y se le echa encima, no deja de ceder a su sensualidad, no tiene combate interior. La virilidad supone tener ese sentido de combate espiritual".
            "Hoy pensamos que la Iglesia es una mamá que nos va a consolar siempre, que vamos con nuestras heridas y nos pone tiritas, que estamos exentos de responsabilidad porque mamá nos va a tomar en brazos, que la salvación es terapéutica. Por el contrario, un padre diría: “¿Tienes una herida? Venga, va, sigue adelante”. Dios viene a curarnos de nuestras heridas para que seamos capaces de ser mártires para Él. La fe no es terapéutica. Siempre habrá cosas que van mal, porque siempre hay movimiento, drama, cruz. Todas las curaciones del Evangelio llevan a la cruz. Lázaro es resucitado para volver a morir y ser perseguido como cristiano. Jesús cura a los ciegos, pero después ya no pueden vivir como mendigos. Tenemos salud para entrar en un combate. La salud no es el fin; la salud es para la santidad".