HAN DICHO COSAS BELLAS PARA EL DÍA DE LA MADRE








Cosas de madres

I. Marta Gándara 5.05.2019 (En El Faro de Vigo)
No me como las cabezas del pescado, ni me levanto de un brinco cuando alguno vomita por la noche. No estoy dispuesta a hacer ilimitados turnos de cena, ni diez fuentes de patatas fritas; y tampoco me duermo rezando el rosario. No me he convertido en ti mamá, qué más quisiera. Quizás aquello de inventarte palabras se me ha pegado un poco, porque últimamente me siento bastante "acalofriada".
Al final comer queso no me dio más memoria, ni sufrí un corte de digestión por bañarme después de comer, aunque son voces que siguen resonando en mi cabeza cada día. De lo que estoy segura es de que nadie ha vuelto a jugar todo el tiempo a mi favor. Recuerdo una vez que quedamos para ver Titanic en el cine y apareciste con un bocadillo y un plátano por si "me daba" el hambre. Tenía veinticinco años.
Tenías razón en todo, en cada consejo, en cada bronca también. Supongo que es un ciclo vital que acaba y empieza cuando todos exclamamos un día: ¡cuánta razón tenía mi madre!
Gracias por enseñarme que el truco no está en hacer borrón y cuenta nueva, sino en borrar y dejar de llevar la cuenta. Para no acabar pensando que todo el mundo nos debe algo. Gracias, porque nunca me has hecho la cuenta. Nunca.
Gracias por mirarme bien, por hacerlo bonito, por querer hacerlo. Pero sobre todo gracias, porque entre nosotras siempre fuimos nosotras.
¡Feliz Día de la Madre!

II. FELICIDADES MAMÁ , HOY Y SIEMPRE ...MI ÁNGEL...MI MAMÁ

Cuenta una antigua leyenda que un niño estaba por nacer… y un día le dijo a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra, pero ¿Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy yo?
Dios le contestó:- Entre muchos ángeles escogí a uno para ti que te está esperando… él te cuidará.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para ser feliz.
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- ¿ Y cómo entender cuando la gente me hable si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucho cariño y paciente te enseñará a hablar.-¿ Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
-Tu ángel te juntará las manitas y te enseñará a orar.
- He oído que en la tierra hay hombres malos, ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá a costa de su propia vida
- Pero estaré triste porque no te veré más
- Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo estaré siempre a tu lado.
- En ese instante una gran paz reinaba en el cielo, pero ya se oían voces terrestres… y el niño presuroso repetía suavemente…
- Dios mío, ya me voy, dime su nombre, ¿Cómo se llama mi ángel?
- A lo que Dios contestó: -Su nombre no importa tú sólo le dirás MAMÁ!


III. PACO SÁNCHEZ  (la Voz de galicia,4/05/2019 )
Los tres nacimos seguidos: soy el mayor y tenía dos años y medio cuando llegó mi hermana. Así que me resulta fácil imaginar una escena a la que mi madre se refirió por primera vez hace sólo unos cuantos meses y que sigue evocando ensoñadoramente desde la altura de sus ochenta. Lo dice con una sonrisa peculiar y en tono alegre y como de excusa a la vez: «Tiña que traballar, que facer mil cousas na casa, pero quedábame alí mirando para vos, canto me gustaba vervos durmir! Non podía arrincarme da vosa beira!». El de la maternidad es un misterio transformador de una magnitud descomunal que genera la energía y la confianza que nos permiten crecer.
Lo conté en otro sitio hace ya… decenios. Cuando nos despedíamos mi madre lloraba de un modo tan tremendo que parecía que se le iba a desfigurar el rostro para siempre, y, para evitarlo, le agarraba la cara con las manos, como si pudiera impedir así la fuga de sus rasgos, como si pudiera sujetar aquellas facciones que pretendían descomponerse, dispersarse cada una por su lado. Inútil. Hasta que cierta vez, en el aeropuerto, saqué el pañuelo le sequé las lágrimas y entonces frenó el llanto en seco, preocupada de si tenía otro pañuelo, y de que mi padre me diera el suyo, porque no iba a marcharme con el pañuelo así… Utilicé ese mismo truco a menudo: si la necesitamos, arrincona de inmediato su dolor. Y ella siempre sabe cuándo la necesitamos. A veces me resulta difícil discernir si no se atreve a preguntar o si no pregunta porque ya sabe y prefiere ayudar desde fuera, como si no se diera cuenta, quizá sólo rezando.
Sin madres no entenderíamos lo que nos hace humanos. Todo se reduciría a equilibrios de poder y fuerza.